Psicólogo TCA

Psicólogo para TCA: anorexia, bulimia y atracón. Trabajo coordinado con medicina y nutrición y apoyo a las familias. Presencial u online.

Psicólogo TCA: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Qué son los trastornos de la conducta alimentaria?

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son dificultades en las que la comida, el peso y el cuerpo pasan a ocupar un lugar central en la vida y en la forma de valorarte. Incluyen la anorexia, la bulimia, el trastorno por atracón y otras formas que no encajan del todo en una etiqueta pero generan mucho sufrimiento.

Un TCA no va solo de comida. Suele ser una manera de gestionar emociones, control o malestar que en algún momento pareció ayudar y que hoy se ha vuelto una trampa.

Como psicólogo para TCA, acompañamos a la persona y a su familia con respeto, sin juicios y en coordinación con otros profesionales.

La relación con la comida y el cuerpo

Un TCA no va solo de comida: va de cómo te sientes contigo.

En un TCA la relación con la comida se vuelve rígida o caótica, y la imagen corporal pesa demasiado en cómo te sientes contigo.

  • Anorexia: restricción de la comida, miedo intenso a ganar peso y una percepción del cuerpo alterada.
  • Bulimia: episodios de atracón seguidos de conductas para compensar, como vomitar, ayunar o hacer ejercicio en exceso.
  • Trastorno por atracón: comer mucha cantidad con sensación de pérdida de control, sin conductas compensatorias, y con culpa después.

También trabajamos la relación difícil con la comida que no llega a ser un TCA pero condiciona tu día a día. Cuando conviene, la terapia se complementa con la psiconutrición, que une el trabajo psicológico y el nutricional.

Señales de alarma

  1. 01Saltarse comidas, restringir grupos de alimentos o contar calorías de forma obsesiva.
  2. 02Preocupación constante por el peso, la figura o la talla.
  3. 03Episodios de comer sin control, a menudo a escondidas.
  4. 04Vómitos, laxantes, ayunos o ejercicio excesivo para compensar.
  5. 05Cambios bruscos de peso o de hábitos alimentarios.
  6. 06Evitar comer acompañado, aislarse o irritarse al hablar de comida.

Cuándo pedir ayuda

  • La comida ocupa gran parte de tus pensamientos.
  • Tu valor depende de lo que pesas o de cómo te ves.
  • Sientes culpa o ansiedad antes o después de comer.
  • Has perdido el control con la comida más de una vez.
  • Como familia notáis cambios y no sabéis cómo abordarlos.
  • Lo has intentado solo y vuelves al mismo punto.
Pide cita →

Tratamiento psicológico de los TCA

Trabajamos lo que hay debajo de la conducta alimentaria: las emociones, la autoexigencia, la imagen corporal y la necesidad de control. En los TCA es fundamental el trabajo coordinado con medicina y nutrición, porque el cuerpo también necesita seguimiento. Si hace falta, te orientamos para contar con ese apoyo y nos coordinamos con quien te acompañe.

Las familias tienen un papel importante, sobre todo en adolescentes: les ofrecemos orientación y espacio propio. Sesiones de 50 minutos, presenciales u online.

  • Sesiones de 50 minutos
  • Semanales al principio
  • Presencial u online
  • 65 € individual · 80 € pareja o familia

Cómo es el proceso

  1. 01

    Primer contacto

    Nos escribes por WhatsApp, tú o un familiar, y acordamos una primera sesión para escuchar qué está pasando.

  2. 02

    Valoración inicial

    Entendemos la relación con la comida y el cuerpo, su historia y su gravedad, y valoramos qué apoyos médicos o nutricionales hacen falta.

  3. 03

    Trabajo de fondo

    Abordamos las emociones, la imagen corporal y las creencias que sostienen el TCA, a un ritmo que puedas sostener.

  4. 04

    Recuperar la normalidad

    Consolidamos una relación más flexible con la comida, prevenimos recaídas y acompañamos a la familia en el proceso.

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¿Qué son los trastornos de la conducta alimentaria?

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son dificultades en las que la comida, el peso y el cuerpo pasan a ocupar un lugar central en la vida y en la forma de valorarte. Incluyen la anorexia, la bulimia, el trastorno por atracón y otras formas que no encajan del todo en una etiqueta pero generan mucho sufrimiento.

Un TCA no va solo de comida. Suele ser una manera de gestionar emociones, control o malestar que en algún momento pareció ayudar y que hoy se ha vuelto una trampa.

Como psicólogo para TCA, acompañamos a la persona y a su familia con respeto, sin juicios y en coordinación con otros profesionales.

La relación con la comida y el cuerpo

Un TCA no va solo de comida: va de cómo te sientes contigo.

En un TCA la relación con la comida se vuelve rígida o caótica, y la imagen corporal pesa demasiado en cómo te sientes contigo.

  • Anorexia: restricción de la comida, miedo intenso a ganar peso y una percepción del cuerpo alterada.
  • Bulimia: episodios de atracón seguidos de conductas para compensar, como vomitar, ayunar o hacer ejercicio en exceso.
  • Trastorno por atracón: comer mucha cantidad con sensación de pérdida de control, sin conductas compensatorias, y con culpa después.

También trabajamos la relación difícil con la comida que no llega a ser un TCA pero condiciona tu día a día. Cuando conviene, la terapia se complementa con la psiconutrición, que une el trabajo psicológico y el nutricional.

Señales de alarma

  1. 01Saltarse comidas, restringir grupos de alimentos o contar calorías de forma obsesiva.
  2. 02Preocupación constante por el peso, la figura o la talla.
  3. 03Episodios de comer sin control, a menudo a escondidas.
  4. 04Vómitos, laxantes, ayunos o ejercicio excesivo para compensar.
  5. 05Cambios bruscos de peso o de hábitos alimentarios.
  6. 06Evitar comer acompañado, aislarse o irritarse al hablar de comida.

Cuándo pedir ayuda

  • La comida ocupa gran parte de tus pensamientos.
  • Tu valor depende de lo que pesas o de cómo te ves.
  • Sientes culpa o ansiedad antes o después de comer.
  • Has perdido el control con la comida más de una vez.
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  • Lo has intentado solo y vuelves al mismo punto.
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Trabajamos lo que hay debajo de la conducta alimentaria: las emociones, la autoexigencia, la imagen corporal y la necesidad de control. En los TCA es fundamental el trabajo coordinado con medicina y nutrición, porque el cuerpo también necesita seguimiento. Si hace falta, te orientamos para contar con ese apoyo y nos coordinamos con quien te acompañe.

Las familias tienen un papel importante, sobre todo en adolescentes: les ofrecemos orientación y espacio propio. Sesiones de 50 minutos, presenciales u online.

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  2. 02

    Valoración inicial

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  3. 03

    Trabajo de fondo

    Abordamos las emociones, la imagen corporal y las creencias que sostienen el TCA, a un ritmo que puedas sostener.

  4. 04

    Recuperar la normalidad

    Consolidamos una relación más flexible con la comida, prevenimos recaídas y acompañamos a la familia en el proceso.

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¿Qué son los trastornos de la conducta alimentaria?

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son dificultades en las que la comida, el peso y el cuerpo pasan a ocupar un lugar central en la vida y en la forma de valorarte. Incluyen la anorexia, la bulimia, el trastorno por atracón y otras formas que no encajan del todo en una etiqueta pero generan mucho sufrimiento.

Un TCA no va solo de comida. Suele ser una manera de gestionar emociones, control o malestar que en algún momento pareció ayudar y que hoy se ha vuelto una trampa.

Como psicólogo para TCA, acompañamos a la persona y a su familia con respeto, sin juicios y en coordinación con otros profesionales.

La relación con la comida y el cuerpo

Un TCA no va solo de comida: va de cómo te sientes contigo.

En un TCA la relación con la comida se vuelve rígida o caótica, y la imagen corporal pesa demasiado en cómo te sientes contigo.

  • Anorexia: restricción de la comida, miedo intenso a ganar peso y una percepción del cuerpo alterada.
  • Bulimia: episodios de atracón seguidos de conductas para compensar, como vomitar, ayunar o hacer ejercicio en exceso.
  • Trastorno por atracón: comer mucha cantidad con sensación de pérdida de control, sin conductas compensatorias, y con culpa después.

También trabajamos la relación difícil con la comida que no llega a ser un TCA pero condiciona tu día a día. Cuando conviene, la terapia se complementa con la psiconutrición, que une el trabajo psicológico y el nutricional.

Señales de alarma

  1. 01Saltarse comidas, restringir grupos de alimentos o contar calorías de forma obsesiva.
  2. 02Preocupación constante por el peso, la figura o la talla.
  3. 03Episodios de comer sin control, a menudo a escondidas.
  4. 04Vómitos, laxantes, ayunos o ejercicio excesivo para compensar.
  5. 05Cambios bruscos de peso o de hábitos alimentarios.
  6. 06Evitar comer acompañado, aislarse o irritarse al hablar de comida.

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  • La comida ocupa gran parte de tus pensamientos.
  • Tu valor depende de lo que pesas o de cómo te ves.
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Trabajamos lo que hay debajo de la conducta alimentaria: las emociones, la autoexigencia, la imagen corporal y la necesidad de control. En los TCA es fundamental el trabajo coordinado con medicina y nutrición, porque el cuerpo también necesita seguimiento. Si hace falta, te orientamos para contar con ese apoyo y nos coordinamos con quien te acompañe.

Las familias tienen un papel importante, sobre todo en adolescentes: les ofrecemos orientación y espacio propio. Sesiones de 50 minutos, presenciales u online.

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Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.

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Qué tratamos en la terapia de los TCA

Anorexia nerviosaBulimia nerviosaTrastorno por atracónComer emocionalRestricción y dietas crónicasImagen corporalEjercicio compulsivoTCA en adolescentesOrientación a familiasPsiconutriciónY más…

Preguntas frecuentes sobre los TCA

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La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos; las sesiones de pareja y familia, 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, en nuestro centro.

Cuidar la alimentación es positivo. Conviene pedir ayuda cuando la comida, el peso o el cuerpo ocupan tanto espacio que generan ansiedad, culpa o aislamiento, o cuando aparecen restricciones, atracones o conductas para compensar. No hace falta tener un diagnóstico para consultar: si te preocupa, merece la pena hablarlo.

Porque un TCA afecta al cuerpo además de a la mente. El seguimiento médico permite vigilar la salud física y la parte nutricional ayuda a recuperar pautas de alimentación seguras. La terapia psicológica trabaja lo que sostiene el trastorno. Cuando los tres planos van coordinados, el proceso es más seguro y más sólido.

Lo primero es no culpabilizar ni centrar la conversación en el peso o la comida, sino en cómo está y en tu preocupación. Pedir orientación pronto ayuda mucho. Podemos tener una primera sesión solo con la familia para entender la situación, pensar cómo abordarla y valorar qué apoyos médicos hacen falta.

La psiconutrición combina el trabajo psicológico con el nutricional para abordar la relación con la comida de forma completa. Se recomienda sobre todo en el comer emocional, los atracones o la historia de dietas repetidas. En un TCA puede formar parte del tratamiento, siempre coordinada con el seguimiento médico.

Sí. La terapia online por videollamada tiene la misma duración y el mismo precio que la presencial, y puede ayudar a empezar cuando cuesta dar el paso. En los TCA valoramos contigo si la modalidad online es suficiente o si conviene combinarla con sesiones presenciales y seguimiento médico cercano.

Porque recuperar un peso saludable y unos hábitos de alimentación estables es una fase imprescindible, pero no siempre la última. El TCA suele cumplir una función: dar sensación de control, calmar un miedo o sostener una imagen de uno mismo. Cuando la conducta alimentaria mejora, esas necesidades siguen ahí y a veces se notan incluso más. Por eso, después del trabajo nutricional y conductual, en terapia seguimos con lo emocional que sostenía el síntoma, para que la mejora se mantenga y el malestar no reaparezca de otra forma.

Es una situación muy frecuente y muy angustiosa para las familias. En los TCA es habitual que la persona minimice lo que le pasa, no porque mienta, sino porque el propio trastorno hace que no lo vea como un problema o que tema perder lo que siente que le da control. Si observas cambios en su forma de comer, en su peso, en su ánimo o en su relación con el cuerpo, confía en lo que ves y pide una valoración profesional. No hace falta que ella esté convencida para dar el primer paso.

Porque el cuerpo y la mente responden a la restricción. Cuando comes muy poco o te saltas comidas, aumenta el hambre y la comida empieza a ocupar más espacio en tu cabeza. Llega un momento en que el control se rompe y aparece el atracón; después vienen la culpa y las ganas de compensar con más restricción, y el círculo vuelve a empezar. No es falta de fuerza de voluntad. Romper ese círculo requiere comer de forma regular y suficiente, y trabajarlo con ayuda profesional.

No sirve para lo que se busca y mantiene el problema. Hacer ejercicio para quemar lo comido, ayunar, provocarse el vómito o usar laxantes no anula lo que has comido, refuerza la idea de que comer es algo que hay que castigar y alimenta el ciclo de atracón y culpa. Además, algunas de estas conductas pueden tener consecuencias serias para la salud. Si te ocurre, es importante consultarlo con tu médico, además de buscar apoyo psicológico.

Puedes tener preparada una respuesta corta y tranquila, como «prefiero que no comentes mi plato» o «no quiero hablar de mi cuerpo», y luego cambiar de tema. No necesitas justificarte ni convencer a nadie. Si se repite, ayuda hablarlo en otro momento, a solas, explicando cómo te afecta. Recuerda que también hacen daño los comentarios que parecen elogios, como «qué delgada estás». En terapia podemos preparar estas conversaciones e incluso hacer alguna sesión con la familia.

Sí. Hay personas que no restringen ni tienen atracones, pero viven en guerra con su cuerpo: se miran constantemente en espejos o fotos, se comparan, evitan la playa o ciertas prendas, o dedican mucho tiempo a esconder lo que no les gusta. Eso también genera malestar y limita la vida, y merece atención aunque no haya un diagnóstico. En terapia trabajamos la relación con el cuerpo y esos rituales de comprobación, que suelen aumentar la insatisfacción en lugar de calmarla.

Porque controlar la comida puede aliviar, a corto plazo, otras angustias: da sensación de control cuando todo lo demás parece desbordarle, adormece emociones difíciles o le hace sentir que logra algo. Ese alivio es justo lo que mantiene el problema, aunque a la larga le haga daño. Por eso no basta con insistirle en que coma. Es importante consultar cuanto antes con su pediatra o médico y con una psicóloga especializada, para que reciba atención coordinada.

No necesariamente, pero conviene prestarle atención. A esta edad el interés por el aspecto es normal, aunque las redes sociales han adelantado rutinas y presiones estéticas pensadas para adultas. Puede ser una señal temprana si le genera mucha ansiedad, si dice cosas muy duras sobre su cuerpo, si compara o se mira sin parar o si empieza a cambiar lo que come. Hablad sin juzgar sobre lo que ve y lo que siente. Si va a más, consultad con pediatría o con nosotras.

Depende de por qué lo haces. Hay personas que repiten menús por comodidad o porque les gusta, y eso no tiene nada de malo. Se vuelve preocupante cuando nace de la rigidez o del miedo: si te angustia mucho salir de tus alimentos seguros, si evitas comer fuera o con otras personas o si la lista de lo que comes se va estrechando. Lo que importa es el malestar y cuánto interfiere en tu vida y en tu salud. En ese caso, merece la pena consultarlo.

Más de lo que parece. La comida está unida a momentos, personas y recuerdos: el bizcocho de una abuela, una pizza con amigos, una cena de celebración o un helado en verano. Cuando se prohíben alimentos, también se renuncia a muchas de esas experiencias, y poco a poco se van evitando planes, comidas familiares o viajes. Restringir la comida suele acabar restringiendo la vida social. Además, la prohibición aumenta la preocupación por esos alimentos. En terapia se trabaja recuperar poco a poco esa flexibilidad, a tu ritmo y con acompañamiento.

Puede pasar, y no significa que vayas por mal camino. Muchas veces los atracones o la restricción cumplían una función: calmar, anestesiar o dar sensación de control. Cuando esas conductas se reducen, las emociones que tapaban, como la tristeza, la rabia, la ansiedad o el vacío, aparecen con más claridad. Es incómodo, pero forma parte del proceso de recuperación. Saberlo de antemano ayuda a no interpretarlo como un fracaso. En terapia se acompaña ese momento y se aprenden otras formas de sostener lo que sientes sin volver a la conducta.

Empezar ya es mucho, y la vergüenza es muy habitual. Recuerda que nadie elige tener un problema con la comida: es una forma de afrontar el malestar que se ha vuelto un problema. Un primer paso puede ser contárselo a alguien de confianza, aunque sea poco a poco, o escribirlo si te cuesta decirlo. Después, pedir cita con una profesional especializada en TCA, que está acostumbrada a escuchar estas cosas sin juzgar. No tienes que contarlo todo en la primera sesión. Si hay síntomas físicos, consulta también con tu médico.

No necesariamente. En medicina, «crónico» indica sobre todo que algo dura mucho tiempo, no que no tenga salida. De un TCA se puede salir, incluso después de años, aunque el proceso suele llevar tiempo y tener altibajos. Influyen el tratamiento adecuado, el apoyo del entorno y que se aborde tanto la conducta alimentaria como lo emocional. Escuchar esa palabra puede desanimar mucho; si te ha pasado, coméntalo con tu equipo para entender qué quiere decir en tu caso y cuáles son los siguientes pasos.

No necesariamente. Que aparezcan las ganas no es lo mismo que actuar según ellas: en momentos de estrés, la mente tiende a volver a las estrategias que conoce, y para muchas personas que han tenido un TCA esa es una de ellas. Notarlo es una buena señal de conciencia. Lo importante es no quedártelo para ti, hablarlo con tu psicóloga o con alguien de confianza y ocuparte de lo que lo ha disparado. Si además estás restringiendo, saltándote comidas o compensando, conviene pedir ayuda cuanto antes, sin culpa.

Sí. El peso no es el termómetro de un trastorno de la conducta alimentaria. Muchas personas con TCA tienen un peso normal o alto y aun así viven con atracones, restricciones, compensaciones o una preocupación constante por la comida y el cuerpo. Lo que importa es cuánto interfiere esa relación con la comida en tu vida, tu salud y tu ánimo. A veces, por no tener un peso bajo, se tarda más en pedir ayuda o en recibirla. Si te reconoces, consulta: mereces atención igual.

Sí, aunque se habla menos de ello y consultan menos. Los hombres también pueden tener anorexia, bulimia o atracones, y además es frecuente que la presión vaya hacia ganar músculo o estar definido: dietas muy estrictas, obsesión por el gimnasio, culpa al saltarse un entrenamiento o uso de suplementos sin control. El estigma de que los TCA son cosa de mujeres hace que tarden más en reconocerlo y pedir ayuda. Si te identificas, consulta con una profesional especializada y con tu médico. En Leizea atendemos también a hombres.

No depende tanto de cuántas horas o días entrenas, sino de para qué lo haces y de cómo te sientes si no puedes. Puede ser señal de alarma si haces ejercicio para compensar lo que has comido o para castigarte, si entrenas aunque estés enferma o lesionada, si te genera mucha ansiedad saltarte un día o si dejas planes por no faltar. El deporte es salud cuando suma a tu vida, no cuando la organiza. Si te reconoces en esto, consulta con una profesional especializada y con tu médico.

Qué tratamos en la terapia de los TCA

Anorexia nerviosaBulimia nerviosaTrastorno por atracónComer emocionalRestricción y dietas crónicasImagen corporalEjercicio compulsivoTCA en adolescentesOrientación a familiasPsiconutriciónY más…

Preguntas frecuentes sobre los TCA

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos; las sesiones de pareja y familia, 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, en nuestro centro.

Cuidar la alimentación es positivo. Conviene pedir ayuda cuando la comida, el peso o el cuerpo ocupan tanto espacio que generan ansiedad, culpa o aislamiento, o cuando aparecen restricciones, atracones o conductas para compensar. No hace falta tener un diagnóstico para consultar: si te preocupa, merece la pena hablarlo.

Porque un TCA afecta al cuerpo además de a la mente. El seguimiento médico permite vigilar la salud física y la parte nutricional ayuda a recuperar pautas de alimentación seguras. La terapia psicológica trabaja lo que sostiene el trastorno. Cuando los tres planos van coordinados, el proceso es más seguro y más sólido.

Lo primero es no culpabilizar ni centrar la conversación en el peso o la comida, sino en cómo está y en tu preocupación. Pedir orientación pronto ayuda mucho. Podemos tener una primera sesión solo con la familia para entender la situación, pensar cómo abordarla y valorar qué apoyos médicos hacen falta.

La psiconutrición combina el trabajo psicológico con el nutricional para abordar la relación con la comida de forma completa. Se recomienda sobre todo en el comer emocional, los atracones o la historia de dietas repetidas. En un TCA puede formar parte del tratamiento, siempre coordinada con el seguimiento médico.

Sí. La terapia online por videollamada tiene la misma duración y el mismo precio que la presencial, y puede ayudar a empezar cuando cuesta dar el paso. En los TCA valoramos contigo si la modalidad online es suficiente o si conviene combinarla con sesiones presenciales y seguimiento médico cercano.

Porque recuperar un peso saludable y unos hábitos de alimentación estables es una fase imprescindible, pero no siempre la última. El TCA suele cumplir una función: dar sensación de control, calmar un miedo o sostener una imagen de uno mismo. Cuando la conducta alimentaria mejora, esas necesidades siguen ahí y a veces se notan incluso más. Por eso, después del trabajo nutricional y conductual, en terapia seguimos con lo emocional que sostenía el síntoma, para que la mejora se mantenga y el malestar no reaparezca de otra forma.

Es una situación muy frecuente y muy angustiosa para las familias. En los TCA es habitual que la persona minimice lo que le pasa, no porque mienta, sino porque el propio trastorno hace que no lo vea como un problema o que tema perder lo que siente que le da control. Si observas cambios en su forma de comer, en su peso, en su ánimo o en su relación con el cuerpo, confía en lo que ves y pide una valoración profesional. No hace falta que ella esté convencida para dar el primer paso.

Porque el cuerpo y la mente responden a la restricción. Cuando comes muy poco o te saltas comidas, aumenta el hambre y la comida empieza a ocupar más espacio en tu cabeza. Llega un momento en que el control se rompe y aparece el atracón; después vienen la culpa y las ganas de compensar con más restricción, y el círculo vuelve a empezar. No es falta de fuerza de voluntad. Romper ese círculo requiere comer de forma regular y suficiente, y trabajarlo con ayuda profesional.

No sirve para lo que se busca y mantiene el problema. Hacer ejercicio para quemar lo comido, ayunar, provocarse el vómito o usar laxantes no anula lo que has comido, refuerza la idea de que comer es algo que hay que castigar y alimenta el ciclo de atracón y culpa. Además, algunas de estas conductas pueden tener consecuencias serias para la salud. Si te ocurre, es importante consultarlo con tu médico, además de buscar apoyo psicológico.

Puedes tener preparada una respuesta corta y tranquila, como «prefiero que no comentes mi plato» o «no quiero hablar de mi cuerpo», y luego cambiar de tema. No necesitas justificarte ni convencer a nadie. Si se repite, ayuda hablarlo en otro momento, a solas, explicando cómo te afecta. Recuerda que también hacen daño los comentarios que parecen elogios, como «qué delgada estás». En terapia podemos preparar estas conversaciones e incluso hacer alguna sesión con la familia.

Sí. Hay personas que no restringen ni tienen atracones, pero viven en guerra con su cuerpo: se miran constantemente en espejos o fotos, se comparan, evitan la playa o ciertas prendas, o dedican mucho tiempo a esconder lo que no les gusta. Eso también genera malestar y limita la vida, y merece atención aunque no haya un diagnóstico. En terapia trabajamos la relación con el cuerpo y esos rituales de comprobación, que suelen aumentar la insatisfacción en lugar de calmarla.

Porque controlar la comida puede aliviar, a corto plazo, otras angustias: da sensación de control cuando todo lo demás parece desbordarle, adormece emociones difíciles o le hace sentir que logra algo. Ese alivio es justo lo que mantiene el problema, aunque a la larga le haga daño. Por eso no basta con insistirle en que coma. Es importante consultar cuanto antes con su pediatra o médico y con una psicóloga especializada, para que reciba atención coordinada.

No necesariamente, pero conviene prestarle atención. A esta edad el interés por el aspecto es normal, aunque las redes sociales han adelantado rutinas y presiones estéticas pensadas para adultas. Puede ser una señal temprana si le genera mucha ansiedad, si dice cosas muy duras sobre su cuerpo, si compara o se mira sin parar o si empieza a cambiar lo que come. Hablad sin juzgar sobre lo que ve y lo que siente. Si va a más, consultad con pediatría o con nosotras.

Depende de por qué lo haces. Hay personas que repiten menús por comodidad o porque les gusta, y eso no tiene nada de malo. Se vuelve preocupante cuando nace de la rigidez o del miedo: si te angustia mucho salir de tus alimentos seguros, si evitas comer fuera o con otras personas o si la lista de lo que comes se va estrechando. Lo que importa es el malestar y cuánto interfiere en tu vida y en tu salud. En ese caso, merece la pena consultarlo.

Más de lo que parece. La comida está unida a momentos, personas y recuerdos: el bizcocho de una abuela, una pizza con amigos, una cena de celebración o un helado en verano. Cuando se prohíben alimentos, también se renuncia a muchas de esas experiencias, y poco a poco se van evitando planes, comidas familiares o viajes. Restringir la comida suele acabar restringiendo la vida social. Además, la prohibición aumenta la preocupación por esos alimentos. En terapia se trabaja recuperar poco a poco esa flexibilidad, a tu ritmo y con acompañamiento.

Puede pasar, y no significa que vayas por mal camino. Muchas veces los atracones o la restricción cumplían una función: calmar, anestesiar o dar sensación de control. Cuando esas conductas se reducen, las emociones que tapaban, como la tristeza, la rabia, la ansiedad o el vacío, aparecen con más claridad. Es incómodo, pero forma parte del proceso de recuperación. Saberlo de antemano ayuda a no interpretarlo como un fracaso. En terapia se acompaña ese momento y se aprenden otras formas de sostener lo que sientes sin volver a la conducta.

Empezar ya es mucho, y la vergüenza es muy habitual. Recuerda que nadie elige tener un problema con la comida: es una forma de afrontar el malestar que se ha vuelto un problema. Un primer paso puede ser contárselo a alguien de confianza, aunque sea poco a poco, o escribirlo si te cuesta decirlo. Después, pedir cita con una profesional especializada en TCA, que está acostumbrada a escuchar estas cosas sin juzgar. No tienes que contarlo todo en la primera sesión. Si hay síntomas físicos, consulta también con tu médico.

No necesariamente. En medicina, «crónico» indica sobre todo que algo dura mucho tiempo, no que no tenga salida. De un TCA se puede salir, incluso después de años, aunque el proceso suele llevar tiempo y tener altibajos. Influyen el tratamiento adecuado, el apoyo del entorno y que se aborde tanto la conducta alimentaria como lo emocional. Escuchar esa palabra puede desanimar mucho; si te ha pasado, coméntalo con tu equipo para entender qué quiere decir en tu caso y cuáles son los siguientes pasos.

No necesariamente. Que aparezcan las ganas no es lo mismo que actuar según ellas: en momentos de estrés, la mente tiende a volver a las estrategias que conoce, y para muchas personas que han tenido un TCA esa es una de ellas. Notarlo es una buena señal de conciencia. Lo importante es no quedártelo para ti, hablarlo con tu psicóloga o con alguien de confianza y ocuparte de lo que lo ha disparado. Si además estás restringiendo, saltándote comidas o compensando, conviene pedir ayuda cuanto antes, sin culpa.

Sí. El peso no es el termómetro de un trastorno de la conducta alimentaria. Muchas personas con TCA tienen un peso normal o alto y aun así viven con atracones, restricciones, compensaciones o una preocupación constante por la comida y el cuerpo. Lo que importa es cuánto interfiere esa relación con la comida en tu vida, tu salud y tu ánimo. A veces, por no tener un peso bajo, se tarda más en pedir ayuda o en recibirla. Si te reconoces, consulta: mereces atención igual.

Sí, aunque se habla menos de ello y consultan menos. Los hombres también pueden tener anorexia, bulimia o atracones, y además es frecuente que la presión vaya hacia ganar músculo o estar definido: dietas muy estrictas, obsesión por el gimnasio, culpa al saltarse un entrenamiento o uso de suplementos sin control. El estigma de que los TCA son cosa de mujeres hace que tarden más en reconocerlo y pedir ayuda. Si te identificas, consulta con una profesional especializada y con tu médico. En Leizea atendemos también a hombres.

No depende tanto de cuántas horas o días entrenas, sino de para qué lo haces y de cómo te sientes si no puedes. Puede ser señal de alarma si haces ejercicio para compensar lo que has comido o para castigarte, si entrenas aunque estés enferma o lesionada, si te genera mucha ansiedad saltarte un día o si dejas planes por no faltar. El deporte es salud cuando suma a tu vida, no cuando la organiza. Si te reconoces en esto, consulta con una profesional especializada y con tu médico.

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Preguntas frecuentes sobre los TCA

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos; las sesiones de pareja y familia, 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, en nuestro centro.

Cuidar la alimentación es positivo. Conviene pedir ayuda cuando la comida, el peso o el cuerpo ocupan tanto espacio que generan ansiedad, culpa o aislamiento, o cuando aparecen restricciones, atracones o conductas para compensar. No hace falta tener un diagnóstico para consultar: si te preocupa, merece la pena hablarlo.

Porque un TCA afecta al cuerpo además de a la mente. El seguimiento médico permite vigilar la salud física y la parte nutricional ayuda a recuperar pautas de alimentación seguras. La terapia psicológica trabaja lo que sostiene el trastorno. Cuando los tres planos van coordinados, el proceso es más seguro y más sólido.

Lo primero es no culpabilizar ni centrar la conversación en el peso o la comida, sino en cómo está y en tu preocupación. Pedir orientación pronto ayuda mucho. Podemos tener una primera sesión solo con la familia para entender la situación, pensar cómo abordarla y valorar qué apoyos médicos hacen falta.

La psiconutrición combina el trabajo psicológico con el nutricional para abordar la relación con la comida de forma completa. Se recomienda sobre todo en el comer emocional, los atracones o la historia de dietas repetidas. En un TCA puede formar parte del tratamiento, siempre coordinada con el seguimiento médico.

Sí. La terapia online por videollamada tiene la misma duración y el mismo precio que la presencial, y puede ayudar a empezar cuando cuesta dar el paso. En los TCA valoramos contigo si la modalidad online es suficiente o si conviene combinarla con sesiones presenciales y seguimiento médico cercano.

Porque recuperar un peso saludable y unos hábitos de alimentación estables es una fase imprescindible, pero no siempre la última. El TCA suele cumplir una función: dar sensación de control, calmar un miedo o sostener una imagen de uno mismo. Cuando la conducta alimentaria mejora, esas necesidades siguen ahí y a veces se notan incluso más. Por eso, después del trabajo nutricional y conductual, en terapia seguimos con lo emocional que sostenía el síntoma, para que la mejora se mantenga y el malestar no reaparezca de otra forma.

Es una situación muy frecuente y muy angustiosa para las familias. En los TCA es habitual que la persona minimice lo que le pasa, no porque mienta, sino porque el propio trastorno hace que no lo vea como un problema o que tema perder lo que siente que le da control. Si observas cambios en su forma de comer, en su peso, en su ánimo o en su relación con el cuerpo, confía en lo que ves y pide una valoración profesional. No hace falta que ella esté convencida para dar el primer paso.

Porque el cuerpo y la mente responden a la restricción. Cuando comes muy poco o te saltas comidas, aumenta el hambre y la comida empieza a ocupar más espacio en tu cabeza. Llega un momento en que el control se rompe y aparece el atracón; después vienen la culpa y las ganas de compensar con más restricción, y el círculo vuelve a empezar. No es falta de fuerza de voluntad. Romper ese círculo requiere comer de forma regular y suficiente, y trabajarlo con ayuda profesional.

No sirve para lo que se busca y mantiene el problema. Hacer ejercicio para quemar lo comido, ayunar, provocarse el vómito o usar laxantes no anula lo que has comido, refuerza la idea de que comer es algo que hay que castigar y alimenta el ciclo de atracón y culpa. Además, algunas de estas conductas pueden tener consecuencias serias para la salud. Si te ocurre, es importante consultarlo con tu médico, además de buscar apoyo psicológico.

Puedes tener preparada una respuesta corta y tranquila, como «prefiero que no comentes mi plato» o «no quiero hablar de mi cuerpo», y luego cambiar de tema. No necesitas justificarte ni convencer a nadie. Si se repite, ayuda hablarlo en otro momento, a solas, explicando cómo te afecta. Recuerda que también hacen daño los comentarios que parecen elogios, como «qué delgada estás». En terapia podemos preparar estas conversaciones e incluso hacer alguna sesión con la familia.

Sí. Hay personas que no restringen ni tienen atracones, pero viven en guerra con su cuerpo: se miran constantemente en espejos o fotos, se comparan, evitan la playa o ciertas prendas, o dedican mucho tiempo a esconder lo que no les gusta. Eso también genera malestar y limita la vida, y merece atención aunque no haya un diagnóstico. En terapia trabajamos la relación con el cuerpo y esos rituales de comprobación, que suelen aumentar la insatisfacción en lugar de calmarla.

Porque controlar la comida puede aliviar, a corto plazo, otras angustias: da sensación de control cuando todo lo demás parece desbordarle, adormece emociones difíciles o le hace sentir que logra algo. Ese alivio es justo lo que mantiene el problema, aunque a la larga le haga daño. Por eso no basta con insistirle en que coma. Es importante consultar cuanto antes con su pediatra o médico y con una psicóloga especializada, para que reciba atención coordinada.

No necesariamente, pero conviene prestarle atención. A esta edad el interés por el aspecto es normal, aunque las redes sociales han adelantado rutinas y presiones estéticas pensadas para adultas. Puede ser una señal temprana si le genera mucha ansiedad, si dice cosas muy duras sobre su cuerpo, si compara o se mira sin parar o si empieza a cambiar lo que come. Hablad sin juzgar sobre lo que ve y lo que siente. Si va a más, consultad con pediatría o con nosotras.

Depende de por qué lo haces. Hay personas que repiten menús por comodidad o porque les gusta, y eso no tiene nada de malo. Se vuelve preocupante cuando nace de la rigidez o del miedo: si te angustia mucho salir de tus alimentos seguros, si evitas comer fuera o con otras personas o si la lista de lo que comes se va estrechando. Lo que importa es el malestar y cuánto interfiere en tu vida y en tu salud. En ese caso, merece la pena consultarlo.

Más de lo que parece. La comida está unida a momentos, personas y recuerdos: el bizcocho de una abuela, una pizza con amigos, una cena de celebración o un helado en verano. Cuando se prohíben alimentos, también se renuncia a muchas de esas experiencias, y poco a poco se van evitando planes, comidas familiares o viajes. Restringir la comida suele acabar restringiendo la vida social. Además, la prohibición aumenta la preocupación por esos alimentos. En terapia se trabaja recuperar poco a poco esa flexibilidad, a tu ritmo y con acompañamiento.

Puede pasar, y no significa que vayas por mal camino. Muchas veces los atracones o la restricción cumplían una función: calmar, anestesiar o dar sensación de control. Cuando esas conductas se reducen, las emociones que tapaban, como la tristeza, la rabia, la ansiedad o el vacío, aparecen con más claridad. Es incómodo, pero forma parte del proceso de recuperación. Saberlo de antemano ayuda a no interpretarlo como un fracaso. En terapia se acompaña ese momento y se aprenden otras formas de sostener lo que sientes sin volver a la conducta.

Empezar ya es mucho, y la vergüenza es muy habitual. Recuerda que nadie elige tener un problema con la comida: es una forma de afrontar el malestar que se ha vuelto un problema. Un primer paso puede ser contárselo a alguien de confianza, aunque sea poco a poco, o escribirlo si te cuesta decirlo. Después, pedir cita con una profesional especializada en TCA, que está acostumbrada a escuchar estas cosas sin juzgar. No tienes que contarlo todo en la primera sesión. Si hay síntomas físicos, consulta también con tu médico.

No necesariamente. En medicina, «crónico» indica sobre todo que algo dura mucho tiempo, no que no tenga salida. De un TCA se puede salir, incluso después de años, aunque el proceso suele llevar tiempo y tener altibajos. Influyen el tratamiento adecuado, el apoyo del entorno y que se aborde tanto la conducta alimentaria como lo emocional. Escuchar esa palabra puede desanimar mucho; si te ha pasado, coméntalo con tu equipo para entender qué quiere decir en tu caso y cuáles son los siguientes pasos.

No necesariamente. Que aparezcan las ganas no es lo mismo que actuar según ellas: en momentos de estrés, la mente tiende a volver a las estrategias que conoce, y para muchas personas que han tenido un TCA esa es una de ellas. Notarlo es una buena señal de conciencia. Lo importante es no quedártelo para ti, hablarlo con tu psicóloga o con alguien de confianza y ocuparte de lo que lo ha disparado. Si además estás restringiendo, saltándote comidas o compensando, conviene pedir ayuda cuanto antes, sin culpa.

Sí. El peso no es el termómetro de un trastorno de la conducta alimentaria. Muchas personas con TCA tienen un peso normal o alto y aun así viven con atracones, restricciones, compensaciones o una preocupación constante por la comida y el cuerpo. Lo que importa es cuánto interfiere esa relación con la comida en tu vida, tu salud y tu ánimo. A veces, por no tener un peso bajo, se tarda más en pedir ayuda o en recibirla. Si te reconoces, consulta: mereces atención igual.

Sí, aunque se habla menos de ello y consultan menos. Los hombres también pueden tener anorexia, bulimia o atracones, y además es frecuente que la presión vaya hacia ganar músculo o estar definido: dietas muy estrictas, obsesión por el gimnasio, culpa al saltarse un entrenamiento o uso de suplementos sin control. El estigma de que los TCA son cosa de mujeres hace que tarden más en reconocerlo y pedir ayuda. Si te identificas, consulta con una profesional especializada y con tu médico. En Leizea atendemos también a hombres.

No depende tanto de cuántas horas o días entrenas, sino de para qué lo haces y de cómo te sientes si no puedes. Puede ser señal de alarma si haces ejercicio para compensar lo que has comido o para castigarte, si entrenas aunque estés enferma o lesionada, si te genera mucha ansiedad saltarte un día o si dejas planes por no faltar. El deporte es salud cuando suma a tu vida, no cuando la organiza. Si te reconoces en esto, consulta con una profesional especializada y con tu médico.

Mar de la costa vasca, cerca de Bilbao

Tu relación con la comida
puede volver a ser tranquila.

Escríbenos, tú o tu familia, y empezamos a tu ritmo, en consulta presencial u online.

Lunes a viernes, 9:00–14:00 y 16:00–20:00 · Moyua, Bilbao · y online
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