Depresión
¿Qué es la depresión?
La depresión no siempre se muestra como una tristeza intensa o como algo visible desde fuera. A veces se parece más a una pérdida de impulso vital: cuesta empezar el día, las cosas que antes tenían sentido dejan de tenerlo, el cuerpo se vuelve pesado y el pensamiento se vuelve más lento o exigente.
No es falta de voluntad ni debilidad, sino una forma en que la mente y el cuerpo intentan protegerse cuando algo ha dolido demasiado o se ha sostenido durante demasiado tiempo.
En muchos casos, la depresión aparece después de una etapa de sobreesfuerzo emocional, cuando la persona ha estado “tirando” sin poder detenerse a sentir. El ánimo cae no solo porque algo va mal, sino porque hay algo que necesita ser escuchado de otra manera.
Desde esta mirada, la depresión no es el enemigo, sino una señal de que algo interno pide pausa, palabra y sentido. La terapia ofrece precisamente ese espacio: un lugar donde poder observar qué se está apagando y por qué, sin juzgarlo, hasta que pueda transformarse.
Terapia depresión
La depresión no aparece porque sí.
Suele tener una función, aunque duela verla así.
A veces llega después de una pérdida, de un cambio, o de un esfuerzo sostenido por mantener todo en pie.
Otras veces, es el resultado de haber silenciado durante demasiado tiempo lo que dolía, lo que no se podía nombrar, lo que no tuvo espacio.
Cuando el cuerpo y la mente no encuentran otra forma de seguir, bajan el ritmo.
Esa desconexión, ese “apagón”, puede ser una manera inconsciente de cuidar algo interno que ha quedado herido, de evitar algo doloroso, o simplemente lo único que se podía hacer en este momento.
Desde la terapia no buscamos “hacer que desaparezca” rápidamente, sino comprender qué está intentando decir.
Dar palabra al malestar, observar qué función cumple y permitir que, poco a poco, aparezca un sentido. No para justificar el dolor, sino para poder transformarlo.
Por qué aparece la depresión
No siempre es fácil reconocer cuándo la tristeza deja de ser una reacción natural y empieza a convertirse en una forma de estar en el mundo.
Pedir ayuda no significa rendirse, sino abrir un espacio para comprender lo que está ocurriendo.
La depresión no siempre se manifiesta como tristeza visible; a veces se disfraza de exigencia, de perfeccionismo o de un exceso de responsabilidad.
El trabajo terapéutico comienza cuando se ofrece un espacio donde esa carga puede ser comprendida en lugar de juzgada.
Cuándo vale la pena pedir ayuda
❇️ El cansancio emocional o físico no desaparece, incluso después de descansar o “hacer lo que deberías hacer para encontrarte mejor”.
❇️ Te resulta difícil disfrutar o conectar con actividades, personas o lugares que antes te aportaban algo.
❇️ El día a día se vuelve pesado o sin sentido, como si cada acción costara más de lo que debería.
❇️ Tu mente se llena de autocrítica, culpa o pensamientos de inutilidad, aunque sepas racionalmente que no tienen fundamento.
❇️ Sientes que funcionas en modo automático, sin poder frenar ni implicarte realmente en lo que haces.
❇️ Aparecen cambios en el sueño, el apetito o la concentración, que reflejan que el cuerpo también está agotado.
❇️ Evitas situaciones o vínculos porque no tienes energía para sostenerlos, o porque sientes que no puedes aportar nada.
❇️ El dolor o la desconexión parecen no tener nombre, pero aun así sabes que algo en ti pide ser atendido.
Cómo abordamos la depresión en terapia
En nuestro enfoque, la terapia para la depresión no se centra únicamente en reducir los síntomas, sino en comprender qué hay detrás de ese estado emocional. La tristeza profunda, la falta de energía o la sensación de vacío no aparecen por casualidad: suelen tener una función adaptativa que, en su momento, ayudó a proteger algo interno.
En el proceso terapéutico, trabajamos para observar el sentido de esa desconexión, entender qué la sostiene y acompañar a la persona a recuperar el contacto con su mundo interno. A veces implica revisar experiencias de pérdida, exigencia o desbordamiento emocional. Otras, aprender a reconocer necesidades que han quedado en segundo plano durante demasiado tiempo.
La terapia no busca “forzar” un cambio rápido, sino crear un espacio seguro donde lo que duele pueda ser escuchado y transformado. A través del acompañamiento, la palabra y el vínculo terapéutico, el objetivo es que poco a poco vuelva a aparecer el movimiento, la capacidad de sentir y de estar presente sin que todo pese tanto.
Quién te va a acompañar
Nuestro equipo está formado por psicólogas sanitarias colegiadas en el Colegio Oficial de Psicología y con formación en terapia para la depresión.
Si quieres conocer más sobre cada profesional y su forma de acompañar, puedes visitar la sección Sobre Nosotras, donde compartimos nuestras trayectorias y áreas de especialización.
1250+ Personas atendidas
Áreas generales que tratamos en la terapia para la depresión
Trastorno depresivo mayor y distimia
Duelo depresivo o reacciones a pérdidas
Falta de energía o placer (anhedonia)
Pensamientos negativos o de inutilidad
Aislamiento y apatía
Desesperanza y vacío existencial
Ideación suicida
Adicciones
Y más…
FAQ
Preguntas frecuentes sobre la depresión
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La tristeza es una emoción que aparece y desaparece según lo que vivimos. La depresión, en cambio, se siente más estable, más densa y duradera. No se alivia con distracciones ni descansando. Cuando el desánimo se instala durante semanas, afecta al sueño, al apetito o a la motivación, puede que estés atravesando un episodio depresivo.
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Más que “curarse”, la depresión se comprende y se transforma. Al entender qué la sostiene —una pérdida, una exigencia interna, un agotamiento emocional—, deja de tener el mismo peso. El objetivo de la terapia no es eliminar el malestar, sino ayudarte a recuperar energía, conexión y sentido vital.
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A veces la depresión no es solo por algo externo, sino de algo interno que no ha podido expresarse. Puede aparecer cuando llevamos mucho tiempo reprimiendo emociones, sosteniendo más de lo que podemos o desconectados de lo que necesitamos. No siempre hay un “motivo visible”; a veces es la forma que tiene el cuerpo y la mente de pedir pausa.
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La duración depende de cada persona y del tipo de depresión. En algunos casos, unas pocas semanas permiten recuperar energía y orientación; en otros, el proceso requiere más tiempo para explorar las raíces del malestar. Lo importante es avanzar a un ritmo que respete tu momento vital y tus recursos.
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Sí. De hecho, es muy habitual. A veces la ansiedad aparece al intentar mantenernos en marcha y la depresión llega cuando el cuerpo y la mente ya no pueden sostener esa tensión. En terapia se abordan ambas desde su relación, no como dos problemas separados.