Errores y decisiones

Qué objetivos poner en terapia (y por qué conviene que sean de tu vida)

Qué objetivos poner en terapia (y por qué conviene que sean de tu vida)

Qué objetivos poner en terapia (y por qué conviene que sean de tu vida)

Los objetivos son la brújula de la terapia. Cómo formularlos para que sean concretos y realistas, por qué conviene que hablen de tu vida y no "de la terapia", y qué estás dispuesta a cambiar.

Los objetivos son la brújula de la terapia. Cómo formularlos para que sean concretos y realistas, por qué conviene que hablen de tu vida y no "de la terapia", y qué estás dispuesta a cambiar.

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En las primeras sesiones, tu psicóloga te preguntará, de una forma u otra, qué te gustaría conseguir. Mucha gente se queda en blanco o responde algo muy general: "estar mejor", "entenderme", "quitarme la ansiedad". Es completamente normal. Casi nadie llega a terapia con una lista de metas bien pensada, y para eso también sirven los primeros encuentros.

Aun así, dedicar tiempo a definir bien los objetivos es una de las cosas que más influyen en que la terapia te resulte útil. En este artículo te explicamos cómo hacerlo y qué errores conviene evitar.

¿Por qué son tan importantes los objetivos en terapia?

Porque funcionan como una brújula. Sin ellos, las sesiones pueden convertirse en conversaciones interesantes que no llevan a ningún sitio: hablas de lo que ha pasado en la semana, te desahogas, te vas algo más ligera… y pasados unos meses tu vida sigue más o menos igual.

Unos objetivos claros permiten:

  • Saber qué temas tienen prioridad cuando hay muchos frentes abiertos.

  • Revisar cada cierto tiempo si estás avanzando o si hay que cambiar algo.

  • Decidir con más criterio la frecuencia de las sesiones y cuándo terminar.

  • Darte cuenta de qué te está frenando en concreto.

¿Qué diferencia hay entre un objetivo "de la terapia" y uno de tu vida?

Esta es quizá la idea más importante. Un objetivo "de la terapia" suena así: "entender por qué soy como soy", "trabajar mi infancia", "hablar de mis emociones". No están mal como punto de partida, pero se quedan dentro de la consulta. Un objetivo de vida, en cambio, describe algo que quieres que cambie fuera:

  • En lugar de "trabajar mi ansiedad social": "poder ir a cenas con mis compañeros sin pasarme la semana angustiada".

  • En lugar de "entender mis relaciones": "tener una pareja estable sin que la desconfianza lo estropee todo".

  • En lugar de "mejorar mi autoestima": "presentarme a la entrevista de ese puesto que llevo años queriendo".

  • En lugar de "gestionar mi estrés": "salir de trabajar a una hora razonable al menos tres días por semana".

La terapia es un medio, no un fin en sí misma. Entenderte mejor es valioso, pero lo es sobre todo porque te permite vivir de otra manera. Cuando los objetivos hablan de tu trabajo, tus relaciones, tu tiempo libre, tu salud o tu economía, es más fácil ver si la terapia está sirviendo.

¿Cómo traduzco «quiero estar bien» en algo concreto?

Una pregunta muy útil al empezar es esta: ¿cómo sabremos que ya estás bien? No en abstracto, sino en cosas que se puedan ver. ¿Qué harías distinto un martes cualquiera? ¿Qué notaría tu pareja, tu amiga o tu compañera de trabajo? ¿A qué volverías, o qué dejarías de evitar?

Las respuestas suelen ser muy reveladoras: «volvería a quedar con mis amigas los viernes», «dormiría sin el móvil en la mano», «podría coger el metro sola». Eso son indicadores, pequeñas pruebas de que algo está cambiando, y sirven a las dos partes para revisar si vais por buen camino. Además, lo que significa «estar bien» es distinto para cada persona, así que es tu respuesta la que marca la dirección, no la idea que tenga tu psicóloga de lo que te conviene.

Otra forma sencilla de pensarlo es dibujar dos puntos: dónde estás ahora y dónde te gustaría estar. «Ahora suspendo porque no consigo sentarme a estudiar; me gustaría aprobar este curso». «Ahora estoy a punto de perder el trabajo por las bajas; me gustaría conservarlo». Lo que se trabaja en terapia es, precisamente, lo que hay en medio: aquello que te impide pasar de un punto al otro. Por eso un objetivo como aprobar, mantener el empleo o poder pagar el alquiler sola suele orientar mucho más que uno abstracto como «mejorar mi autoestima».

¿Cómo sé si mis objetivos son realistas?

Hay dos errores frecuentes, y el segundo se comenta mucho menos que el primero.

Objetivos demasiado altos

Proponerte cambiar todo a la vez, o metas que exigen una disciplina que ahora mismo no tienes, suele acabar en frustración. No es que no puedas soñar en grande, sino que conviene dividir el sueño en pasos. Si quieres retomar unos estudios largos, quizá el primer objetivo sea organizar tus horarios y sostener una rutina durante unos meses.

Objetivos demasiado bajos

Hay personas que llegan con metas muy pequeñas, como "que se me pase un poco la angustia", cuando tienen capacidad para mucho más. A veces es por desánimo: después de años pasándolo mal, cuesta imaginar un futuro distinto. Otras veces es miedo a ilusionarse y fallar. Una buena psicóloga no se conformará con eso sin preguntarte, con respeto, si no hay algo más que te gustaría para tu vida. No se trata de presionarte, sino de no dar por perdido lo que todavía puede mejorar.

¿Por qué «no sentir ansiedad» no es un buen objetivo?

Es una de las peticiones más frecuentes, y se entiende: cuando algo duele mucho, lo único que quieres es que pare. Pero «no volver a sentir ansiedad», «no estar triste» o «dejar de sentir» no son objetivos alcanzables. Las emociones forman parte de la vida, y cuanto más te esfuerzas por no sentirlas, más espacio ocupan, porque organizas tus días en torno a vigilarlas.

Por eso en terapia solemos darle la vuelta: la meta pasa a ser que lo que sientes deje de decidir por ti. «Poder ir a la reunión aunque esté nerviosa» es un objetivo; «no ponerme nerviosa nunca», no. El primero te devuelve margen de movimiento; el segundo te deja peleando contra algo que no puedes ganar. Si quieres entender mejor por qué, lo contamos en qué ayuda de verdad a calmar la ansiedad.

¿Y si lo que quiero es, simplemente, ser feliz?

Es un deseo precioso y muy humano, pero como objetivo de terapia suele dar problemas. Una terapia no fabrica sonrisas, y si la medimos por si sales de cada sesión contenta, es fácil sentir que no funciona. Una meta más útil sería otra: depender menos de aquello que te hace infeliz. Menos de la aprobación de los demás, de una relación que te desgasta, de la necesidad de tenerlo todo controlado, de una forma de reaccionar que siempre acaba igual. Cuando eso se afloja, tienes más margen para elegir. La felicidad, si llega, suele llegar como efecto secundario de ese margen, no porque la persigas directamente.

En ese camino también cambia la pregunta con la que juzgas tus decisiones. Muchas personas llegan preguntándose «¿esto está bien?», «¿es lo normal?», «¿qué pensarán?». Con el tiempo, la pregunta pasa a ser «¿esto me hace bien?». Parece un matiz pequeño, pero es uno de los cambios más profundos que puede traer una terapia, y en sí mismo es un buen objetivo. Si te reconoces en la primera pregunta, quizá te interese leer sobre el eterno «debería».

¿Qué estoy dispuesta a cambiar para conseguirlo?

Esta pregunta se hace poco y es fundamental. Cualquier objetivo que merezca la pena tiene un precio: tiempo, esfuerzo, renunciar a algo cómodo, atravesar situaciones que dan miedo o mantener conversaciones difíciles. Ni la psicóloga ni la terapia pueden poner ese esfuerzo por ti.

Algunas preguntas que puedes hacerte:

  • ¿Qué tendría que dejar de hacer para acercarme a esto?

  • ¿Qué cosa que evito tendría que empezar a afrontar?

  • ¿Cuánto tiempo real puedo dedicarle cada semana?

  • ¿Qué me cuesta seguir igual? ¿Y qué me costaría dentro de cinco años?

Cuanto más ambicioso es el objetivo, más implicación pide. No es una forma de culparte, sino de ser honestas: si sabes desde el principio lo que supone, es más fácil sostener el proceso cuando llegan los momentos duros.

¿Qué diferencia hay entre un objetivo y un deseo?

Un deseo es algo que te gustaría que pasara; un objetivo es algo en lo que tú puedes intervenir. «Quiero que mi pareja vuelva conmigo» o «que mi jefe me valore» son deseos legítimos, pero no dependen de ti. Un objetivo trabajable sería «sobrellevar la ruptura sin dejar de cuidarme» o «pedir el aumento con argumentos y sin bloquearme». Antes de dar una meta por buena, puedes pasarla por estos filtros:

  • ¿Depende de mí? Si depende sobre todo de otra persona, busca la parte que sí está en tu mano.

  • ¿Es asumible? Ajustada a tu momento actual, no al de tu mejor versión imaginaria.

  • ¿Encaja con mis prioridades? No hay tiempo para todo; elegir uno es dejar otros para después.

  • ¿Es mío o es un «debería»? Lo que te imponen otros, o lo que crees que toca, cuesta mucho más sostenerlo.

  • ¿Compensa? Si el esfuerzo es grande y la recompensa tarda, conviene prever pequeños logros intermedios.

Para metas fuera de terapia, como cambiar hábitos, también te puede servir el artículo sobre propósitos y hábitos.

¿Es normal olvidarse de los objetivos a mitad de la terapia?

Muy normal. Al principio los objetivos están muy presentes, pero con los meses la sesión se llena de lo urgente: un conflicto con tu madre, una semana complicada en el trabajo, una discusión de pareja. Poco a poco, aquello que querías conseguir se queda fuera de la conversación sin que nadie lo decida.

Por eso es útil que tu psicóloga vuelva a ellos de vez en cuando, incluso si en ese momento estás hablando de otra cosa. Puede que te moleste un poco que interrumpa para preguntarte por aquel objetivo del que hace semanas que no habláis. Esa pequeña incomodidad suele ser muy productiva: a veces descubres que lo has dejado de lado por miedo, otras que ya no te interesa y conviene cambiarlo, y otras que has avanzado más de lo que creías.

Tú también puedes tomar la iniciativa. Una buena costumbre es revisar los objetivos cada dos o tres meses y preguntarte qué ha cambiado y qué no.

Y no te preocupe si con el tiempo tus motivos cambian de naturaleza. Lo habitual es llegar a terapia por necesidad, porque algo duele o se ha vuelto insostenible, y seguir por deseo: porque has empezado a entenderte y quieres saber más, estar mejor, probar cosas nuevas. Cuando el malestar inicial se calma, es buen momento para preguntarte si quieres cerrar o si hay objetivos nuevos, más tuyos, que ahora sí te apetece trabajar.

¿Puedo cambiar mis objetivos?

Por supuesto. Los objetivos no son un contrato. A medida que te conoces mejor, puede que descubras que lo que querías no era exactamente eso, o que aparecen metas nuevas. Lo importante es que el cambio se hable en sesión y no ocurra en silencio. También puede ser útil, sobre todo en terapia con adolescentes o jóvenes, contrastar los objetivos con la familia, porque a veces la mirada de fuera aporta información que una misma no ve.

Ten en cuenta también que lo que traes el primer día suele ser la punta del iceberg. «No sé poner límites», «discuto por todo con mi pareja» o «tengo ansiedad» es lo que hace ruido, pero debajo suele haber miedos, aprendizajes de tu historia o necesidades que no encuentran espacio. Por eso es normal que, al explorar lo de abajo, el objetivo se afine o cambie. No significa que empezaras mal, sino que ahora te conoces mejor. Y cuando los objetivos se van cumpliendo, también sirven para decidir juntas cuándo se termina la terapia.

¿Cómo puedo preparar mis objetivos antes de la primera sesión?

Si vas a empezar terapia pronto, prueba a escribir antes de ir:

  • Tres cosas concretas de tu vida que te gustaría que fueran distintas dentro de un año.

  • Qué te ha impedido hasta ahora conseguirlas.

  • Qué estarías dispuesta a cambiar o intentar.

No hace falta que lo tengas claro del todo: llévalo como borrador y trabajadlo juntas. En nuestras preguntas frecuentes te contamos cómo es la primera sesión, y en terapia para adultos cómo planteamos el proceso.

Si estás pensando en empezar y quieres comentar qué te gustaría conseguir, puedes escribirnos desde contacto. Te responderemos con calma y sin compromiso, y lo vamos viendo a tu ritmo.

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Revisado por el equipo clínico de Leizea

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