Errores y decisiones

Llevas un tiempo en terapia y algo no termina de funcionar. Tu psicóloga es amable, te escucha, nunca te ha tratado mal. Pero sales de las sesiones igual que entraste. O te sientes a gusto, sí, pero más como quien queda con una amiga que como quien está trabajando en algo. Y empiezas a pensar en cambiar, aunque te da apuro decirlo.
Cambiar de psicóloga es un derecho y, a veces, una buena decisión. Pero no siempre es la primera opción ni la única. En este artículo te ayudamos a distinguir cuándo tiene sentido, qué conviene hacer antes y cómo hacerlo bien.
¿Es normal querer cambiar de psicóloga?
Sí. La relación con la terapeuta es una de las piezas que más influyen en que una terapia ayude, y no todas las combinaciones encajan. Hay personas que se sienten cómodas desde el primer día y otras que necesitan probar más de una vez.
Lo curioso es que muchas personas piensan cosas importantes sobre su terapia y nunca se las dicen a su psicóloga. Por vergüenza, por no herirla, porque "se porta muy bien conmigo". Y un día simplemente dejan de ir. Si te reconoces aquí, no eres la única.
¿Qué señales indican que quizá no estáis encajando?
Algunas pistas que merece la pena revisar:
Te sientes escuchada, pero nada más. Hablas, ella asiente, pero no te llevas nada que te sirva: ni una idea nueva, ni una pregunta que te haga pensar, ni un cambio en tu día a día.
Parece más una amistad que una terapia. La relación es agradable, sin roces, y hablas de todo menos de lo que te cuesta. Una buena terapia también incluye momentos incómodos: que te pregunten por lo que evitas o que te señalen algo que no habías visto.
No sabes muy bien para qué vas. No hay objetivos claros o los que había se han diluido.
Te sientes perdida. Cada sesión parece ir por un lado distinto y no entiendes cómo encaja todo.
La terapia te resulta anodina. No hay un conflicto, pero tampoco intensidad ni sensación de estar moviendo algo.
No te sientes respetada: te juzga, no respeta tu confidencialidad o tus límites. Esta es una razón de peso para cambiar sin más rodeos.
Ninguna de estas señales, salvo la última, significa automáticamente que tengas que irte. Significa que hay algo que hablar.
¿Cómo se nota que una terapia tiene un plan?
A veces es más fácil saber lo que falta si tienes claro lo que suele estar presente cuando una terapia va bien encaminada. No hace falta que se cumplan todas a la vez, ni desde la primera sesión, pero sirven como referencia:
Pregunta con intención. Escucha mucho, pero sus preguntas van dirigidas a entender lo que te preocupa: cuándo pasa, qué lo empeora, qué lo alivia.
Se interesa por tus intentos anteriores. Quiere conocer qué soluciones has puesto en marcha hasta ahora y cuáles no han dado resultado, porque en ocasiones lo que alimenta el problema son justamente esas maneras de intentar resolverlo.
Te devuelve una explicación que entiendes. Al cabo de unas sesiones, puede contarte con palabras sencillas cómo ve lo que te pasa, y esa explicación ayuda a ordenar los pasos siguientes.
Hay una dirección, aunque no siempre se vea. Cada sesión puede ser distinta, pero tienes la sensación de que forman parte de un camino.
Hay cosas que hacer fuera de la consulta. Propuestas concretas para probar entre sesiones, porque el cambio ocurre en tu vida.
No intenta convencerte a base de argumentos. Sabe que un miedo no se quita razonando y busca otras maneras de ayudarte a moverte.
Te prepara para los baches. Te avisa de que puede haber días peores y, cuando llegan, no se alarma.
Trabaja para que llegue el día en que no la necesites. Tu autonomía es parte del objetivo.
Si echas en falta varias de estas cosas, no es motivo para irte sin más, sino un buen punto de partida para hablarlo. Puedes llevar esta lista a la sesión y preguntar directamente cómo ve ella tu proceso. Si lo que te preocupa es la sensación de estancamiento, te puede servir también siento que no avanzo en terapia.
¿Por qué conviene hablarlo antes de irte?
Puede parecer contradictorio, pero decirle a tu psicóloga que no estás a gusto suele ser una de las conversaciones más útiles de toda la terapia. Por varias razones:
Le das información que ella necesita y que quizá no estaba viendo.
A menudo permite reajustar: revisar objetivos, cambiar el enfoque o la frecuencia, entrar en temas que se estaban esquivando.
Practicas algo que a muchas personas les cuesta en su vida: expresar un desacuerdo a alguien que te importa sin romper la relación.
Si finalmente decides cambiar, lo harás con más claridad sobre lo que buscas.
Una buena profesional sabe recibir una crítica sin ponerse a la defensiva. Si al decírselo notas que se molesta, te culpa o lo minimiza, eso también es información valiosa. Te contamos más en nuestras preguntas frecuentes.
¿Cómo sacar el tema en sesión?
No hace falta preparar un discurso. Algunas formas de empezar:
"Hay algo que me cuesta decirte, pero creo que es importante."
"Últimamente siento que las sesiones no me están ayudando tanto como al principio."
"Me gustaría que revisáramos para qué estoy viniendo y si vamos por buen camino."
"Me siento muy a gusto contigo, pero a veces creo que no me estoy enfrentando a lo difícil."
Si te resulta muy difícil decirlo cara a cara, puedes escribirlo y leerlo en la sesión, o mandar un mensaje antes para que lo habléis con tiempo.
¿Cuándo sí tiene sentido cambiar?
Después de hablarlo, cambiar puede ser la mejor opción si:
Habéis intentado reajustar y sigues sin notar avances.
Necesitas un enfoque o una especialización que tu psicóloga no ofrece (por ejemplo, terapia de pareja, trauma o trastornos de la conducta alimentaria).
Has cambiado de ciudad o de horarios y la logística ya no funciona (aunque aquí la terapia online puede ser una alternativa).
No te sientes segura o respetada.
Simplemente no hay sintonía y, aun habiéndolo intentado, no crees que la vaya a haber.
¿Y si lo que pasa es que la terapia se ha puesto difícil?
Antes de decidir, conviene distinguir entre una terapia que no encaja y una terapia que está tocando algo doloroso. A veces las ganas de dejarlo aparecen justo cuando empezáis a hablar de lo que más cuesta: una pérdida, una relación, algo de ti que no te gusta. En esos momentos es normal salir removida, sentir rechazo hacia las sesiones o incluso enfado con tu psicóloga.
Eso no significa que vaya mal. Puede ser precisamente señal de que estáis llegando a algo importante. La diferencia suele estar en si, a pesar de la incomodidad, sientes que hay un sentido y que te sirve. Si tienes dudas, dilo tal cual: "no sé si quiero dejarlo porque no me ayuda o porque me está costando". Es una pregunta excelente para trabajar juntas.
Algo parecido ocurre cuando tu psicóloga te propone algo que, a primera vista, no tiene mucho sentido: escribir sobre algo que preferirías olvidar, hacer justo lo contrario de lo que llevas años intentando o exponerte poco a poco a lo que evitas. Cuando la lógica de siempre no ha funcionado, a veces hace falta otra. Si no lo entiendes, pregunta para qué sirve; tienes derecho a saberlo, y entender el sentido de una tarea ayuda mucho a hacerla. Lo explicamos en tareas entre sesiones.
¿Y si ya he probado con varias psicólogas y no encajo con ninguna?
Pasa más de lo que se cuenta, y suele venir acompañado de una conclusión dura: «la terapia no es para mí» o «yo no tengo arreglo». Antes de llegar ahí, conviene tener en cuenta dos cosas.
La primera es que no toda terapeuta es para cada persona. Más allá del enfoque con el que trabaje, cuenta mucho el encuentro entre las dos: el ritmo, el tono, el sentido del humor, la manera de preguntar. Hay psicólogas excelentes con las que, sencillamente, no conectas, y eso no dice nada malo de ninguna de las dos. Tampoco el enfoque lo es todo: dentro de cada orientación hay profesionales muy buenas y otras que no tanto, y al final lo que suma es que la persona concreta que tienes delante te ayude.
La segunda es que, si ya has pasado por tres o cuatro consultas, quizá lo más útil no sea buscar en silencio a la quinta, sino contárselo desde el primer día: «he probado varias veces y siempre acabo dejándolo; me gustaría entender por qué». Esa frase, que da apuro decir, convierte algo que vivías como un fracaso en un tema de trabajo. Puede que salgan cosas muy valiosas: que te cuesta confiar, que te vas antes de que te puedan decepcionar, que esperabas algo que nadie te explicó, o simplemente que no habías dado con el formato adecuado.
Piensa qué tenían en común las veces que lo dejaste: el momento, el tema, lo que sentías.
Anota qué te ayudó, aunque fuera poco, en cada experiencia.
Pregunta a la nueva profesional cómo trabaja y qué puedes esperar de las primeras sesiones.
Pedir ayuda otra vez después de varias experiencias que no salieron bien tiene mucho mérito. Si te cuesta, quizá te reconozcas en por qué nos cuesta tanto pedir ayuda. Y si quieres saber cómo somos y cómo trabajamos antes de escribirnos, puedes leer sobre nosotras.
¿Cómo cerrar bien una terapia?
Despedirse bien merece la pena, aunque la relación no haya funcionado del todo:
Avisa con tiempo y, si puedes, dedica una última sesión a cerrar en lugar de desaparecer.
Repasad juntas lo que ha funcionado y lo que no. Te ayudará a saber qué pedir en la siguiente terapia.
Pide, si lo necesitas, un informe o un resumen que puedas compartir con tu nueva psicóloga.
Respeta la política de cancelación de la consulta para las sesiones que tuvieras reservadas.
¿Cómo empezar con una nueva psicóloga?
En la primera cita con la nueva profesional, cuéntale que vienes de otra terapia: qué te ayudó, qué echaste en falta y por qué decidiste cambiar. No es hablar mal de nadie; es darle pistas para que el trabajo sea más útil desde el principio. Lo normal es que haga su propia evaluación, aunque ya hayas contado tu historia antes, para formarse una idea propia y acordar contigo los objetivos.
Y si estás buscando a alguien nuevo, conviene comprobar algunas cosas básicas antes de empezar, como la colegiación y la experiencia en lo que te pasa. Te damos algunas pistas en cómo elegir psicóloga.
En Leizea somos un equipo de psicólogas, lo que permite también cambiar de profesional dentro del mismo centro si no encajáis. Si estás dándole vueltas a esta decisión y quieres hablarlo, puedes escribirnos sin compromiso o conocer más sobre nuestra consulta de psicólogos en Bilbao.
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Revisado por el equipo clínico de Leizea
Psicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789 · Última revisión: octubre de 2026


