Psicólogo para el estrés y el burnout

Psicólogo para el estrés y el estrés laboral: entiende qué mantiene la tensión, pon límites y sal del agotamiento. Presencial en Bilbao u online.

Psicólogo para el estrés y el burnout: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Qué es el estrés y cuándo deja de ser útil?

El estrés es la respuesta del organismo para prepararse ante lo que percibe como exigente: nos activa, nos enfoca y nos ayuda a actuar. El problema llega cuando esa activación no se apaga y sigues en modo alerta incluso en momentos de calma. Como psicólogas para el estrés, te ayudamos a entender qué lo sostiene.

Entonces el cuerpo pasa factura: sueño ligero, contracturas, molestias digestivas, dificultad para concentrarte o un cansancio que no se va. A veces el estrés se disfraza de eficacia o de responsabilidad; otras, de miedo a fallar.

Por qué aparece el estrés

Cuando todo urge, parar también es una forma de avanzar.

El estrés aparece cuando algo nos exige más de lo que podemos sostener en ese momento. Puede venir de fuera (trabajo, cuidados, ritmo de vida) o de dentro: la forma en que te exiges, el miedo a fallar o la dificultad para poner límites.

El cuerpo interpreta esas tensiones como peligro: se aceleran el pulso, la respiración y la mente, aunque la amenaza sea una conversación pendiente o la sensación de no llegar.

Con el tiempo, ese estado de alerta constante deja de ayudar y empieza a generar agotamiento, desconexión o bloqueo.

Síntomas del estrés

  1. 01Tensión muscular, contracturas o dolor de cabeza.
  2. 02Sueño ligero o que no te deja descansado.
  3. 03Molestias digestivas o cambios en el apetito.
  4. 04Dificultad para concentrarte o tomar decisiones.
  5. 05Irritabilidad o sensación de saturación.
  6. 06Mente acelerada incluso en vacaciones.

Cuándo pedir ayuda

  • Sigues en tensión aunque el día haya terminado.
  • El descanso ya no recarga: duermes, pero no descansas.
  • Tu cuerpo habla por ti con dolores, cansancio o problemas digestivos.
  • Dejas de disfrutar incluso de lo que te gusta.
  • Funcionas a base de impulso, con poco espacio real para ti.
  • Tu entorno lo nota: relaciones, trabajo o tiempo personal se resienten.
Pide cita →

Terapia para el estrés, presencial y online

El estrés no se resuelve solo con técnicas de relajación, sino entendiendo qué lo alimenta: a menudo, una exigencia interna fuerte, la necesidad de hacerlo todo bien o de no fallar a los demás. Trabajamos cómo responde tu cuerpo a la presión y te ayudamos a reconocer tus límites y reorganizar prioridades.

Las sesiones duran 50 minutos, en el centro o por videollamada.

  • Sesiones de 50 minutos
  • Semanales al principio
  • Presencial u online
  • 65 € individual · 80 € pareja o familia

Cómo trabajamos el estrés

  1. 01

    Detenernos a mirar

    Analizamos tu carga actual, tus rutinas y cómo responde tu cuerpo. A veces el primer paso es reconocer el propio límite.

  2. 02

    Entender qué lo alimenta

    Exploramos la autoexigencia, el miedo a fallar o la dificultad para poner límites que mantienen la activación.

  3. 03

    Regular el cuerpo

    Practicas recursos de respiración, relajación y descanso para que el sistema nervioso pueda salir del modo alerta.

  4. 04

    Cambiar el ritmo

    Reorganizamos prioridades y hábitos para sostener lo importante con menos desgaste y más conexión con lo que te da sentido.

Psicólogo para el estrés y el burnout

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Psicólogo para el estrés y el burnout: terapia psicológica presencial y online
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  • Presencial u online
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¿Qué es el estrés y cuándo deja de ser útil?

El estrés es la respuesta del organismo para prepararse ante lo que percibe como exigente: nos activa, nos enfoca y nos ayuda a actuar. El problema llega cuando esa activación no se apaga y sigues en modo alerta incluso en momentos de calma. Como psicólogas para el estrés, te ayudamos a entender qué lo sostiene.

Entonces el cuerpo pasa factura: sueño ligero, contracturas, molestias digestivas, dificultad para concentrarte o un cansancio que no se va. A veces el estrés se disfraza de eficacia o de responsabilidad; otras, de miedo a fallar.

Por qué aparece el estrés

Cuando todo urge, parar también es una forma de avanzar.

El estrés aparece cuando algo nos exige más de lo que podemos sostener en ese momento. Puede venir de fuera (trabajo, cuidados, ritmo de vida) o de dentro: la forma en que te exiges, el miedo a fallar o la dificultad para poner límites.

El cuerpo interpreta esas tensiones como peligro: se aceleran el pulso, la respiración y la mente, aunque la amenaza sea una conversación pendiente o la sensación de no llegar.

Con el tiempo, ese estado de alerta constante deja de ayudar y empieza a generar agotamiento, desconexión o bloqueo.

Síntomas del estrés

  1. 01Tensión muscular, contracturas o dolor de cabeza.
  2. 02Sueño ligero o que no te deja descansado.
  3. 03Molestias digestivas o cambios en el apetito.
  4. 04Dificultad para concentrarte o tomar decisiones.
  5. 05Irritabilidad o sensación de saturación.
  6. 06Mente acelerada incluso en vacaciones.

Cuándo pedir ayuda

  • Sigues en tensión aunque el día haya terminado.
  • El descanso ya no recarga: duermes, pero no descansas.
  • Tu cuerpo habla por ti con dolores, cansancio o problemas digestivos.
  • Dejas de disfrutar incluso de lo que te gusta.
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El estrés no se resuelve solo con técnicas de relajación, sino entendiendo qué lo alimenta: a menudo, una exigencia interna fuerte, la necesidad de hacerlo todo bien o de no fallar a los demás. Trabajamos cómo responde tu cuerpo a la presión y te ayudamos a reconocer tus límites y reorganizar prioridades.

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    Analizamos tu carga actual, tus rutinas y cómo responde tu cuerpo. A veces el primer paso es reconocer el propio límite.

  2. 02

    Entender qué lo alimenta

    Exploramos la autoexigencia, el miedo a fallar o la dificultad para poner límites que mantienen la activación.

  3. 03

    Regular el cuerpo

    Practicas recursos de respiración, relajación y descanso para que el sistema nervioso pueda salir del modo alerta.

  4. 04

    Cambiar el ritmo

    Reorganizamos prioridades y hábitos para sostener lo importante con menos desgaste y más conexión con lo que te da sentido.

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El estrés es la respuesta del organismo para prepararse ante lo que percibe como exigente: nos activa, nos enfoca y nos ayuda a actuar. El problema llega cuando esa activación no se apaga y sigues en modo alerta incluso en momentos de calma. Como psicólogas para el estrés, te ayudamos a entender qué lo sostiene.

Entonces el cuerpo pasa factura: sueño ligero, contracturas, molestias digestivas, dificultad para concentrarte o un cansancio que no se va. A veces el estrés se disfraza de eficacia o de responsabilidad; otras, de miedo a fallar.

Por qué aparece el estrés

Cuando todo urge, parar también es una forma de avanzar.

El estrés aparece cuando algo nos exige más de lo que podemos sostener en ese momento. Puede venir de fuera (trabajo, cuidados, ritmo de vida) o de dentro: la forma en que te exiges, el miedo a fallar o la dificultad para poner límites.

El cuerpo interpreta esas tensiones como peligro: se aceleran el pulso, la respiración y la mente, aunque la amenaza sea una conversación pendiente o la sensación de no llegar.

Con el tiempo, ese estado de alerta constante deja de ayudar y empieza a generar agotamiento, desconexión o bloqueo.

Síntomas del estrés

  1. 01Tensión muscular, contracturas o dolor de cabeza.
  2. 02Sueño ligero o que no te deja descansado.
  3. 03Molestias digestivas o cambios en el apetito.
  4. 04Dificultad para concentrarte o tomar decisiones.
  5. 05Irritabilidad o sensación de saturación.
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  2. 02

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Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.

Descubre con quién encajas →

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Tipos de estrés que tratamos

Estrés laboral y burnoutEstrés académicoEstrés por cambios vitalesSobrecarga por cuidar a otrosPerfeccionismo y sobreexigenciaEstrés crónico y síntomas físicosDificultad para desconectarEstrés sin causa aparenteY más…

Preguntas frecuentes sobre el estrés

¿Tienes otra duda?Escríbenos por WhatsApp y te respondemos enseguida, sin compromiso.Ver psicólogas ↑

El estrés suele tener una causa identificable: una situación concreta, una carga o una preocupación específica. La ansiedad puede mantenerse cuando ese motivo ya ha desaparecido y se vuelve más difusa y anticipatoria. Comparten síntomas y a menudo se entrelazan. Más que etiquetarlos, en terapia buscamos entender qué te está pidiendo tu cuerpo en ese momento.

Sí. Cuando el sistema nervioso se mantiene en alerta mucho tiempo pueden aparecer contracturas, dolor de cabeza, tensión en la mandíbula, molestias digestivas o insomnio. No son síntomas imaginarios: son señales de sobrecarga. Conviene descartar otras causas con tu médico y, a la vez, atender lo que ese cansancio te está indicando.

En Leizea la sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos; las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, en nuestro centro. \1uedes escribirnos por WhatsApp.

Sí. La terapia online por videollamada tiene la misma duración, precio y forma de trabajo que la presencial. Para muchas personas con poco tiempo es la manera más sencilla de empezar a cuidarse. Solo necesitas un espacio tranquilo y privado y una conexión estable durante los 50 minutos de sesión.

Depende de la intensidad de la carga, del tiempo que lleves así, de tu descanso y del apoyo con el que cuentes. No hay una duración fija: revisamos contigo los objetivos y el avance a lo largo del proceso. El alivio suele llegar poco a poco, a medida que el cuerpo vuelve a sentirse seguro y puede descansar.

Sí. Si se mantiene mucho tiempo puede derivar en agotamiento emocional (burnout), problemas de sueño, irritabilidad o síntomas depresivos. Por eso es mejor no esperar a tocar fondo para pedir ayuda. Atender el estrés a tiempo es una forma de prevenir y de cuidar tu salud mental.

La baja es un tiempo para cuidarte, y se aprovecha mejor si no se limita a desconectar. Descansar es necesario, pero también lo es entender qué te ha llevado hasta aquí y empezar a cambiarlo: tus ritmos, tu forma de exigirte, los límites en el trabajo. Mantener una rutina básica de sueño, movimiento y contacto con otras personas ayuda mucho. En terapia trabajamos todo eso y preparamos juntas la vuelta, para que regreses con más recursos y menos riesgo de volver a caer.

No se trata de buscar culpables. Pero si en distintos empleos se repiten situaciones parecidas, como choques con los jefes, sentir que se aprovechan de ti o terminar siempre con el mismo agotamiento, merece la pena mirar el patrón. A veces el entorno laboral es realmente dañino; otras, hay formas de relacionarte o de exigirte que viajan contigo de un trabajo a otro. Muchas veces son ambas cosas. Entender tu parte te da algo muy valioso: margen para cambiar lo que sí depende de ti.

No. Un golpe como un despido, una pérdida o un cambio brusco no afecta igual a todas las personas, y eso no habla de fortaleza ni de debilidad. Cada una lo vive desde su historia, su situación económica y familiar y el significado que tenía para ella ese trabajo. Hay quien lo vive como un tropiezo y quien siente que se tambalea su identidad. Si semanas después sigues con mucho malestar, insomnio o sin poder centrarte, en terapia podemos ayudarte a recolocar lo ocurrido y a recuperar la confianza.

No. Una cierta activación es útil: te ayuda a concentrarte antes de un examen, a reaccionar ante un imprevisto o a sacar adelante un proyecto. A veces se llama eustrés. El problema aparece cuando esa activación se mantiene semanas o meses sin tiempo para recuperarte, y el cuerpo y la mente no vuelven nunca a la calma. Entonces llegan el cansancio, la irritabilidad, el mal sueño o la sensación de no llegar a todo. No se trata de eliminar el estrés, sino de equilibrar exigencia y descanso.

Porque muchas personas aprendieron que su valor depende de ser productivas, y parar se vive como pereza o como quedarse atrás. Esos mandatos funcionan en piloto automático: aunque estés agotada, una voz interior te dice que aún no te lo has ganado. Pero descansar no es un premio por haber terminado todo; es parte de lo que te permite rendir y estar bien. En terapia revisamos de dónde vienen esas exigencias y practicamos pausas sin culpa, empezando por ratos pequeños.

Es bastante habitual. Durante una época de sobreesfuerzo el cuerpo se mantiene en alerta para aguantar, y cuando por fin bajas el ritmo, esa tensión se suelta y aparece el cansancio acumulado, el bajón o algún catarro. Además, la mejoría no es inmediata: aunque hayas reducido la carga, el cuerpo tarda un tiempo en notarlo. No significa que descansar te siente mal. Si el malestar físico persiste, consúltalo con tu médico de familia.

Algunas señales frecuentes del burnout son el agotamiento que no se va con un fin de semana, la sensación de que cuanto más te esfuerzas más te exigen, no sentirte reconocida, distanciarte o volverte cínica con tu trabajo y notar que ya no te quedan fuerzas para luchar. También pueden aparecer problemas de sueño, irritabilidad o dificultad para concentrarte. Nuestro test de burnout puede servirte de orientación, aunque no sustituye una valoración. Si te reconoces en varias, merece la pena consultarlo.

Puede ayudar un poco, pero rara vez es la solución. Si el problema es que la carga supera lo que una persona puede asumir, o que el entorno no deja margen, organizarte mejor solo te permite meter más tareas en el mismo día. El burnout tiene más que ver con exigencias sostenidas, falta de recuperación y límites difíciles de poner. En terapia revisamos qué depende de ti, qué no, qué exigencias te pones y cómo proteger tu descanso de verdad.

Sí. El término nació en el ámbito laboral, pero el mismo desgaste aparece en quienes cuidan durante mucho tiempo de un familiar dependiente, en madres y padres que sostienen la crianza casi en solitario o en estudiantes con una presión constante. Son tareas exigentes, sin horario ni días libres y a menudo poco reconocidas. Que no haya un contrato no hace que tu cansancio sea menos real. En terapia buscamos cómo repartir la carga, pedir apoyo y recuperar espacios propios.

Ayudan a respirar, pero suelen no ser suficientes. Si al volver se mantienen la misma carga, los mismos ritmos y la misma forma de exigirte, el agotamiento regresa en pocas semanas, a veces en días. Muchas personas lo notan cuando el descanso ya no les recarga como antes. La recuperación del burnout pasa por cambiar algo en el día a día: límites, expectativas, pausas y la manera de relacionarte con el trabajo. Las vacaciones pueden ser un buen momento para empezar a pensar en esos cambios.

Porque el sueño no se puede forzar. Dormir es algo que pasa cuando el cuerpo baja la guardia, y esforzarte, mirar el reloj o calcular cuántas horas te quedan hace justo lo contrario: te activa. Ayuda más quitar obstáculos que perseguir el sueño, por ejemplo levantarte un rato si llevas mucho tiempo dando vueltas y volver a la cama cuando notes sueño. Si el insomnio se mantiene semanas, consúltalo con tu médico. Lo explicamos con más detalle en nuestro artículo sobre insomnio y ansiedad.

Puede ser una de sus causas y también una consecuencia. La multitarea parece eficiente, pero el cerebro no atiende a varias cosas a la vez: salta de una a otra y en cada cambio pierde tiempo y energía. Eso mantiene un estado de alerta constante, aumenta los errores y deja la sensación de no terminar nada. Suele ayudar trabajar en bloques de atención, con una sola tarea, el móvil lejos y pausas cortas entre medias. Si esa forma de funcionar viene de una carga excesiva, también conviene revisar qué puedes delegar o renegociar.

Es más común de lo que parece: medir puede convertir el cuidado en otra exigencia. Un ejemplo es el famoso objetivo de los 10.000 pasos, que nació como eslogan comercial de un podómetro japonés en los años sesenta. Un estudio publicado en JAMA Internal Medicine en 2019 con mujeres mayores encontró beneficios en mortalidad desde unos 4.400 pasos al día, que se estabilizaban hacia los 7.500. Es decir, no llegar a la cifra no es fracasar. Si los datos te generan ansiedad, culpa o necesidad de control, conviene revisarlo.

Merece la pena revisarlo, sobre todo si se ha convertido en tu forma principal de apagar el estrés. El alcohol relaja al principio, pero empeora la calidad del sueño y, con el tiempo, el cuerpo necesita más para notar el mismo efecto. Además, si es la única vía para desconectar, el estrés de fondo sigue sin resolverse. Prueba a pasar varias noches sin la copa y observa qué sientes: si te cuesta mucho o te genera ansiedad, es una señal útil. En terapia se buscan otras formas de bajar el ritmo al terminar el día.

No exactamente. En las clasificaciones de salud se considera un fenómeno ligado al trabajo, causado por un estrés crónico que no se ha gestionado bien, y no como un trastorno mental. Eso no lo hace menos real ni menos serio: el agotamiento, la distancia o el cinismo hacia el trabajo y la sensación de ineficacia pueden afectar mucho a tu salud y a tu vida. Además, el burnout puede convivir con ansiedad o depresión. Si te sientes así, consulta con tu médico y con una psicóloga.

Precisamente porque te importa mucho. El desgaste es frecuente en personas muy implicadas y vocacionales, que ponen mucho de sí mismas y esperan que su esfuerzo se traduzca en resultados. Cuando esos resultados no llegan, porque faltan recursos, reconocimiento o tiempo, la ilusión puede convertirse poco a poco en cansancio y frustración. Querer tu trabajo no te protege del burnout; a veces hace que tardes más en poner límites. En terapia se trabaja cómo cuidar esa vocación sin que lo ocupe todo y qué expectativas conviene ajustar.

Sí. Un puesto con muy pocas tareas o sin sentido también desgasta, y a veces se le llama boreout. Pasar horas sin nada que hacer, o haciendo tareas que no aportan, puede generar aburrimiento, sensación de inutilidad, desmotivación y, paradójicamente, un cansancio muy parecido al del exceso de trabajo. Además, cuesta contarlo, porque desde fuera parece una situación cómoda. Si te sientes así, merece la pena hablarlo: en terapia se puede explorar qué te falta en tu trabajo, qué margen hay para cambiarlo y cómo cuidar tu ánimo mientras tanto.

No, aunque a veces se confunden. El burnout nace del estrés crónico del puesto: exceso de carga, falta de recursos, poco control o poco reconocimiento, que van agotando a la persona. El acoso laboral, en cambio, implica una hostilidad dirigida y repetida contra alguien, como humillaciones, aislamiento o descalificaciones. Ambos pueden afectar mucho a la salud y darse a la vez, pero se abordan de forma distinta: el acoso tiene además una dimensión legal. Si crees que lo estás sufriendo, puede ayudarte apuntar lo que ocurre y buscar asesoramiento, además de apoyo psicológico.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

Tipos de estrés que tratamos

Estrés laboral y burnoutEstrés académicoEstrés por cambios vitalesSobrecarga por cuidar a otrosPerfeccionismo y sobreexigenciaEstrés crónico y síntomas físicosDificultad para desconectarEstrés sin causa aparenteY más…

Preguntas frecuentes sobre el estrés

El estrés suele tener una causa identificable: una situación concreta, una carga o una preocupación específica. La ansiedad puede mantenerse cuando ese motivo ya ha desaparecido y se vuelve más difusa y anticipatoria. Comparten síntomas y a menudo se entrelazan. Más que etiquetarlos, en terapia buscamos entender qué te está pidiendo tu cuerpo en ese momento.

Sí. Cuando el sistema nervioso se mantiene en alerta mucho tiempo pueden aparecer contracturas, dolor de cabeza, tensión en la mandíbula, molestias digestivas o insomnio. No son síntomas imaginarios: son señales de sobrecarga. Conviene descartar otras causas con tu médico y, a la vez, atender lo que ese cansancio te está indicando.

En Leizea la sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos; las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, en nuestro centro. \1uedes escribirnos por WhatsApp.

Sí. La terapia online por videollamada tiene la misma duración, precio y forma de trabajo que la presencial. Para muchas personas con poco tiempo es la manera más sencilla de empezar a cuidarse. Solo necesitas un espacio tranquilo y privado y una conexión estable durante los 50 minutos de sesión.

Depende de la intensidad de la carga, del tiempo que lleves así, de tu descanso y del apoyo con el que cuentes. No hay una duración fija: revisamos contigo los objetivos y el avance a lo largo del proceso. El alivio suele llegar poco a poco, a medida que el cuerpo vuelve a sentirse seguro y puede descansar.

Sí. Si se mantiene mucho tiempo puede derivar en agotamiento emocional (burnout), problemas de sueño, irritabilidad o síntomas depresivos. Por eso es mejor no esperar a tocar fondo para pedir ayuda. Atender el estrés a tiempo es una forma de prevenir y de cuidar tu salud mental.

La baja es un tiempo para cuidarte, y se aprovecha mejor si no se limita a desconectar. Descansar es necesario, pero también lo es entender qué te ha llevado hasta aquí y empezar a cambiarlo: tus ritmos, tu forma de exigirte, los límites en el trabajo. Mantener una rutina básica de sueño, movimiento y contacto con otras personas ayuda mucho. En terapia trabajamos todo eso y preparamos juntas la vuelta, para que regreses con más recursos y menos riesgo de volver a caer.

No se trata de buscar culpables. Pero si en distintos empleos se repiten situaciones parecidas, como choques con los jefes, sentir que se aprovechan de ti o terminar siempre con el mismo agotamiento, merece la pena mirar el patrón. A veces el entorno laboral es realmente dañino; otras, hay formas de relacionarte o de exigirte que viajan contigo de un trabajo a otro. Muchas veces son ambas cosas. Entender tu parte te da algo muy valioso: margen para cambiar lo que sí depende de ti.

No. Un golpe como un despido, una pérdida o un cambio brusco no afecta igual a todas las personas, y eso no habla de fortaleza ni de debilidad. Cada una lo vive desde su historia, su situación económica y familiar y el significado que tenía para ella ese trabajo. Hay quien lo vive como un tropiezo y quien siente que se tambalea su identidad. Si semanas después sigues con mucho malestar, insomnio o sin poder centrarte, en terapia podemos ayudarte a recolocar lo ocurrido y a recuperar la confianza.

No. Una cierta activación es útil: te ayuda a concentrarte antes de un examen, a reaccionar ante un imprevisto o a sacar adelante un proyecto. A veces se llama eustrés. El problema aparece cuando esa activación se mantiene semanas o meses sin tiempo para recuperarte, y el cuerpo y la mente no vuelven nunca a la calma. Entonces llegan el cansancio, la irritabilidad, el mal sueño o la sensación de no llegar a todo. No se trata de eliminar el estrés, sino de equilibrar exigencia y descanso.

Porque muchas personas aprendieron que su valor depende de ser productivas, y parar se vive como pereza o como quedarse atrás. Esos mandatos funcionan en piloto automático: aunque estés agotada, una voz interior te dice que aún no te lo has ganado. Pero descansar no es un premio por haber terminado todo; es parte de lo que te permite rendir y estar bien. En terapia revisamos de dónde vienen esas exigencias y practicamos pausas sin culpa, empezando por ratos pequeños.

Es bastante habitual. Durante una época de sobreesfuerzo el cuerpo se mantiene en alerta para aguantar, y cuando por fin bajas el ritmo, esa tensión se suelta y aparece el cansancio acumulado, el bajón o algún catarro. Además, la mejoría no es inmediata: aunque hayas reducido la carga, el cuerpo tarda un tiempo en notarlo. No significa que descansar te siente mal. Si el malestar físico persiste, consúltalo con tu médico de familia.

Algunas señales frecuentes del burnout son el agotamiento que no se va con un fin de semana, la sensación de que cuanto más te esfuerzas más te exigen, no sentirte reconocida, distanciarte o volverte cínica con tu trabajo y notar que ya no te quedan fuerzas para luchar. También pueden aparecer problemas de sueño, irritabilidad o dificultad para concentrarte. Nuestro test de burnout puede servirte de orientación, aunque no sustituye una valoración. Si te reconoces en varias, merece la pena consultarlo.

Puede ayudar un poco, pero rara vez es la solución. Si el problema es que la carga supera lo que una persona puede asumir, o que el entorno no deja margen, organizarte mejor solo te permite meter más tareas en el mismo día. El burnout tiene más que ver con exigencias sostenidas, falta de recuperación y límites difíciles de poner. En terapia revisamos qué depende de ti, qué no, qué exigencias te pones y cómo proteger tu descanso de verdad.

Sí. El término nació en el ámbito laboral, pero el mismo desgaste aparece en quienes cuidan durante mucho tiempo de un familiar dependiente, en madres y padres que sostienen la crianza casi en solitario o en estudiantes con una presión constante. Son tareas exigentes, sin horario ni días libres y a menudo poco reconocidas. Que no haya un contrato no hace que tu cansancio sea menos real. En terapia buscamos cómo repartir la carga, pedir apoyo y recuperar espacios propios.

Ayudan a respirar, pero suelen no ser suficientes. Si al volver se mantienen la misma carga, los mismos ritmos y la misma forma de exigirte, el agotamiento regresa en pocas semanas, a veces en días. Muchas personas lo notan cuando el descanso ya no les recarga como antes. La recuperación del burnout pasa por cambiar algo en el día a día: límites, expectativas, pausas y la manera de relacionarte con el trabajo. Las vacaciones pueden ser un buen momento para empezar a pensar en esos cambios.

Porque el sueño no se puede forzar. Dormir es algo que pasa cuando el cuerpo baja la guardia, y esforzarte, mirar el reloj o calcular cuántas horas te quedan hace justo lo contrario: te activa. Ayuda más quitar obstáculos que perseguir el sueño, por ejemplo levantarte un rato si llevas mucho tiempo dando vueltas y volver a la cama cuando notes sueño. Si el insomnio se mantiene semanas, consúltalo con tu médico. Lo explicamos con más detalle en nuestro artículo sobre insomnio y ansiedad.

Puede ser una de sus causas y también una consecuencia. La multitarea parece eficiente, pero el cerebro no atiende a varias cosas a la vez: salta de una a otra y en cada cambio pierde tiempo y energía. Eso mantiene un estado de alerta constante, aumenta los errores y deja la sensación de no terminar nada. Suele ayudar trabajar en bloques de atención, con una sola tarea, el móvil lejos y pausas cortas entre medias. Si esa forma de funcionar viene de una carga excesiva, también conviene revisar qué puedes delegar o renegociar.

Es más común de lo que parece: medir puede convertir el cuidado en otra exigencia. Un ejemplo es el famoso objetivo de los 10.000 pasos, que nació como eslogan comercial de un podómetro japonés en los años sesenta. Un estudio publicado en JAMA Internal Medicine en 2019 con mujeres mayores encontró beneficios en mortalidad desde unos 4.400 pasos al día, que se estabilizaban hacia los 7.500. Es decir, no llegar a la cifra no es fracasar. Si los datos te generan ansiedad, culpa o necesidad de control, conviene revisarlo.

Merece la pena revisarlo, sobre todo si se ha convertido en tu forma principal de apagar el estrés. El alcohol relaja al principio, pero empeora la calidad del sueño y, con el tiempo, el cuerpo necesita más para notar el mismo efecto. Además, si es la única vía para desconectar, el estrés de fondo sigue sin resolverse. Prueba a pasar varias noches sin la copa y observa qué sientes: si te cuesta mucho o te genera ansiedad, es una señal útil. En terapia se buscan otras formas de bajar el ritmo al terminar el día.

No exactamente. En las clasificaciones de salud se considera un fenómeno ligado al trabajo, causado por un estrés crónico que no se ha gestionado bien, y no como un trastorno mental. Eso no lo hace menos real ni menos serio: el agotamiento, la distancia o el cinismo hacia el trabajo y la sensación de ineficacia pueden afectar mucho a tu salud y a tu vida. Además, el burnout puede convivir con ansiedad o depresión. Si te sientes así, consulta con tu médico y con una psicóloga.

Precisamente porque te importa mucho. El desgaste es frecuente en personas muy implicadas y vocacionales, que ponen mucho de sí mismas y esperan que su esfuerzo se traduzca en resultados. Cuando esos resultados no llegan, porque faltan recursos, reconocimiento o tiempo, la ilusión puede convertirse poco a poco en cansancio y frustración. Querer tu trabajo no te protege del burnout; a veces hace que tardes más en poner límites. En terapia se trabaja cómo cuidar esa vocación sin que lo ocupe todo y qué expectativas conviene ajustar.

Sí. Un puesto con muy pocas tareas o sin sentido también desgasta, y a veces se le llama boreout. Pasar horas sin nada que hacer, o haciendo tareas que no aportan, puede generar aburrimiento, sensación de inutilidad, desmotivación y, paradójicamente, un cansancio muy parecido al del exceso de trabajo. Además, cuesta contarlo, porque desde fuera parece una situación cómoda. Si te sientes así, merece la pena hablarlo: en terapia se puede explorar qué te falta en tu trabajo, qué margen hay para cambiarlo y cómo cuidar tu ánimo mientras tanto.

No, aunque a veces se confunden. El burnout nace del estrés crónico del puesto: exceso de carga, falta de recursos, poco control o poco reconocimiento, que van agotando a la persona. El acoso laboral, en cambio, implica una hostilidad dirigida y repetida contra alguien, como humillaciones, aislamiento o descalificaciones. Ambos pueden afectar mucho a la salud y darse a la vez, pero se abordan de forma distinta: el acoso tiene además una dimensión legal. Si crees que lo estás sufriendo, puede ayudarte apuntar lo que ocurre y buscar asesoramiento, además de apoyo psicológico.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

Tipos de estrés que tratamos

Estrés laboral y burnoutEstrés académicoEstrés por cambios vitalesSobrecarga por cuidar a otrosPerfeccionismo y sobreexigenciaEstrés crónico y síntomas físicosDificultad para desconectarEstrés sin causa aparenteY más…

Preguntas frecuentes sobre el estrés

El estrés suele tener una causa identificable: una situación concreta, una carga o una preocupación específica. La ansiedad puede mantenerse cuando ese motivo ya ha desaparecido y se vuelve más difusa y anticipatoria. Comparten síntomas y a menudo se entrelazan. Más que etiquetarlos, en terapia buscamos entender qué te está pidiendo tu cuerpo en ese momento.

Sí. Cuando el sistema nervioso se mantiene en alerta mucho tiempo pueden aparecer contracturas, dolor de cabeza, tensión en la mandíbula, molestias digestivas o insomnio. No son síntomas imaginarios: son señales de sobrecarga. Conviene descartar otras causas con tu médico y, a la vez, atender lo que ese cansancio te está indicando.

En Leizea la sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos; las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, en nuestro centro. \1uedes escribirnos por WhatsApp.

Sí. La terapia online por videollamada tiene la misma duración, precio y forma de trabajo que la presencial. Para muchas personas con poco tiempo es la manera más sencilla de empezar a cuidarse. Solo necesitas un espacio tranquilo y privado y una conexión estable durante los 50 minutos de sesión.

Depende de la intensidad de la carga, del tiempo que lleves así, de tu descanso y del apoyo con el que cuentes. No hay una duración fija: revisamos contigo los objetivos y el avance a lo largo del proceso. El alivio suele llegar poco a poco, a medida que el cuerpo vuelve a sentirse seguro y puede descansar.

Sí. Si se mantiene mucho tiempo puede derivar en agotamiento emocional (burnout), problemas de sueño, irritabilidad o síntomas depresivos. Por eso es mejor no esperar a tocar fondo para pedir ayuda. Atender el estrés a tiempo es una forma de prevenir y de cuidar tu salud mental.

La baja es un tiempo para cuidarte, y se aprovecha mejor si no se limita a desconectar. Descansar es necesario, pero también lo es entender qué te ha llevado hasta aquí y empezar a cambiarlo: tus ritmos, tu forma de exigirte, los límites en el trabajo. Mantener una rutina básica de sueño, movimiento y contacto con otras personas ayuda mucho. En terapia trabajamos todo eso y preparamos juntas la vuelta, para que regreses con más recursos y menos riesgo de volver a caer.

No se trata de buscar culpables. Pero si en distintos empleos se repiten situaciones parecidas, como choques con los jefes, sentir que se aprovechan de ti o terminar siempre con el mismo agotamiento, merece la pena mirar el patrón. A veces el entorno laboral es realmente dañino; otras, hay formas de relacionarte o de exigirte que viajan contigo de un trabajo a otro. Muchas veces son ambas cosas. Entender tu parte te da algo muy valioso: margen para cambiar lo que sí depende de ti.

No. Un golpe como un despido, una pérdida o un cambio brusco no afecta igual a todas las personas, y eso no habla de fortaleza ni de debilidad. Cada una lo vive desde su historia, su situación económica y familiar y el significado que tenía para ella ese trabajo. Hay quien lo vive como un tropiezo y quien siente que se tambalea su identidad. Si semanas después sigues con mucho malestar, insomnio o sin poder centrarte, en terapia podemos ayudarte a recolocar lo ocurrido y a recuperar la confianza.

No. Una cierta activación es útil: te ayuda a concentrarte antes de un examen, a reaccionar ante un imprevisto o a sacar adelante un proyecto. A veces se llama eustrés. El problema aparece cuando esa activación se mantiene semanas o meses sin tiempo para recuperarte, y el cuerpo y la mente no vuelven nunca a la calma. Entonces llegan el cansancio, la irritabilidad, el mal sueño o la sensación de no llegar a todo. No se trata de eliminar el estrés, sino de equilibrar exigencia y descanso.

Porque muchas personas aprendieron que su valor depende de ser productivas, y parar se vive como pereza o como quedarse atrás. Esos mandatos funcionan en piloto automático: aunque estés agotada, una voz interior te dice que aún no te lo has ganado. Pero descansar no es un premio por haber terminado todo; es parte de lo que te permite rendir y estar bien. En terapia revisamos de dónde vienen esas exigencias y practicamos pausas sin culpa, empezando por ratos pequeños.

Es bastante habitual. Durante una época de sobreesfuerzo el cuerpo se mantiene en alerta para aguantar, y cuando por fin bajas el ritmo, esa tensión se suelta y aparece el cansancio acumulado, el bajón o algún catarro. Además, la mejoría no es inmediata: aunque hayas reducido la carga, el cuerpo tarda un tiempo en notarlo. No significa que descansar te siente mal. Si el malestar físico persiste, consúltalo con tu médico de familia.

Algunas señales frecuentes del burnout son el agotamiento que no se va con un fin de semana, la sensación de que cuanto más te esfuerzas más te exigen, no sentirte reconocida, distanciarte o volverte cínica con tu trabajo y notar que ya no te quedan fuerzas para luchar. También pueden aparecer problemas de sueño, irritabilidad o dificultad para concentrarte. Nuestro test de burnout puede servirte de orientación, aunque no sustituye una valoración. Si te reconoces en varias, merece la pena consultarlo.

Puede ayudar un poco, pero rara vez es la solución. Si el problema es que la carga supera lo que una persona puede asumir, o que el entorno no deja margen, organizarte mejor solo te permite meter más tareas en el mismo día. El burnout tiene más que ver con exigencias sostenidas, falta de recuperación y límites difíciles de poner. En terapia revisamos qué depende de ti, qué no, qué exigencias te pones y cómo proteger tu descanso de verdad.

Sí. El término nació en el ámbito laboral, pero el mismo desgaste aparece en quienes cuidan durante mucho tiempo de un familiar dependiente, en madres y padres que sostienen la crianza casi en solitario o en estudiantes con una presión constante. Son tareas exigentes, sin horario ni días libres y a menudo poco reconocidas. Que no haya un contrato no hace que tu cansancio sea menos real. En terapia buscamos cómo repartir la carga, pedir apoyo y recuperar espacios propios.

Ayudan a respirar, pero suelen no ser suficientes. Si al volver se mantienen la misma carga, los mismos ritmos y la misma forma de exigirte, el agotamiento regresa en pocas semanas, a veces en días. Muchas personas lo notan cuando el descanso ya no les recarga como antes. La recuperación del burnout pasa por cambiar algo en el día a día: límites, expectativas, pausas y la manera de relacionarte con el trabajo. Las vacaciones pueden ser un buen momento para empezar a pensar en esos cambios.

Porque el sueño no se puede forzar. Dormir es algo que pasa cuando el cuerpo baja la guardia, y esforzarte, mirar el reloj o calcular cuántas horas te quedan hace justo lo contrario: te activa. Ayuda más quitar obstáculos que perseguir el sueño, por ejemplo levantarte un rato si llevas mucho tiempo dando vueltas y volver a la cama cuando notes sueño. Si el insomnio se mantiene semanas, consúltalo con tu médico. Lo explicamos con más detalle en nuestro artículo sobre insomnio y ansiedad.

Puede ser una de sus causas y también una consecuencia. La multitarea parece eficiente, pero el cerebro no atiende a varias cosas a la vez: salta de una a otra y en cada cambio pierde tiempo y energía. Eso mantiene un estado de alerta constante, aumenta los errores y deja la sensación de no terminar nada. Suele ayudar trabajar en bloques de atención, con una sola tarea, el móvil lejos y pausas cortas entre medias. Si esa forma de funcionar viene de una carga excesiva, también conviene revisar qué puedes delegar o renegociar.

Es más común de lo que parece: medir puede convertir el cuidado en otra exigencia. Un ejemplo es el famoso objetivo de los 10.000 pasos, que nació como eslogan comercial de un podómetro japonés en los años sesenta. Un estudio publicado en JAMA Internal Medicine en 2019 con mujeres mayores encontró beneficios en mortalidad desde unos 4.400 pasos al día, que se estabilizaban hacia los 7.500. Es decir, no llegar a la cifra no es fracasar. Si los datos te generan ansiedad, culpa o necesidad de control, conviene revisarlo.

Merece la pena revisarlo, sobre todo si se ha convertido en tu forma principal de apagar el estrés. El alcohol relaja al principio, pero empeora la calidad del sueño y, con el tiempo, el cuerpo necesita más para notar el mismo efecto. Además, si es la única vía para desconectar, el estrés de fondo sigue sin resolverse. Prueba a pasar varias noches sin la copa y observa qué sientes: si te cuesta mucho o te genera ansiedad, es una señal útil. En terapia se buscan otras formas de bajar el ritmo al terminar el día.

No exactamente. En las clasificaciones de salud se considera un fenómeno ligado al trabajo, causado por un estrés crónico que no se ha gestionado bien, y no como un trastorno mental. Eso no lo hace menos real ni menos serio: el agotamiento, la distancia o el cinismo hacia el trabajo y la sensación de ineficacia pueden afectar mucho a tu salud y a tu vida. Además, el burnout puede convivir con ansiedad o depresión. Si te sientes así, consulta con tu médico y con una psicóloga.

Precisamente porque te importa mucho. El desgaste es frecuente en personas muy implicadas y vocacionales, que ponen mucho de sí mismas y esperan que su esfuerzo se traduzca en resultados. Cuando esos resultados no llegan, porque faltan recursos, reconocimiento o tiempo, la ilusión puede convertirse poco a poco en cansancio y frustración. Querer tu trabajo no te protege del burnout; a veces hace que tardes más en poner límites. En terapia se trabaja cómo cuidar esa vocación sin que lo ocupe todo y qué expectativas conviene ajustar.

Sí. Un puesto con muy pocas tareas o sin sentido también desgasta, y a veces se le llama boreout. Pasar horas sin nada que hacer, o haciendo tareas que no aportan, puede generar aburrimiento, sensación de inutilidad, desmotivación y, paradójicamente, un cansancio muy parecido al del exceso de trabajo. Además, cuesta contarlo, porque desde fuera parece una situación cómoda. Si te sientes así, merece la pena hablarlo: en terapia se puede explorar qué te falta en tu trabajo, qué margen hay para cambiarlo y cómo cuidar tu ánimo mientras tanto.

No, aunque a veces se confunden. El burnout nace del estrés crónico del puesto: exceso de carga, falta de recursos, poco control o poco reconocimiento, que van agotando a la persona. El acoso laboral, en cambio, implica una hostilidad dirigida y repetida contra alguien, como humillaciones, aislamiento o descalificaciones. Ambos pueden afectar mucho a la salud y darse a la vez, pero se abordan de forma distinta: el acoso tiene además una dimensión legal. Si crees que lo estás sufriendo, puede ayudarte apuntar lo que ocurre y buscar asesoramiento, además de apoyo psicológico.

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