Emociones

Tu pareja llega a casa cansada y suelta un «¿otra vez está esto sin recoger?». No es para tanto, lo sabes. Pero de repente sientes un nudo en el estómago, te haces pequeña, se te seca la boca o te sale una respuesta cortante que ni tú esperabas. Media hora después, ya más tranquila, te preguntas: «¿por qué me he puesto así por una tontería?». Y encima te sientes exagerada.
Puede que lo que te haya pasado tenga nombre: un flashback emocional. No es que estés loca ni que seas demasiado sensible. Es una forma muy concreta en que el cerebro recuerda, y entenderla suele quitar mucho peso.
¿Qué es un flashback emocional?
Cuando pensamos en un flashback solemos imaginar algo de película: alguien que vuelve a ver la escena de un accidente o de una guerra como si estuviera ocurriendo. Eso existe, sobre todo en el estrés postraumático. Pero hay una versión más frecuente y más silenciosa, en la que no vuelve la imagen, vuelve la emoción.
Un flashback emocional es cuando algo del presente activa una emoción antigua (miedo, vergüenza, soledad, la sensación de no valer o de estar en peligro) y la vives con toda su fuerza, como si fuera de ahora. No aparece el recuerdo de «esto me pasaba de niña», sino directamente la sensación. Por eso confunde tanto: parece tu reacción a lo que acaba de pasar, pero en buena parte es un recuerdo.
¿Por qué se siente como si estuviera pasando ahora?
Normalmente, cuando recuerdas algo, sabes que es pasado. Puedes decir «eso fue en 2010» y notar la distancia. Esa etiqueta de tiempo la pone una parte del cerebro encargada de la memoria con relato.
En momentos de mucho estrés, miedo o desprotección, esa parte funciona peor. Lo vivido se guarda sobre todo como sensación corporal, emoción y aprendizaje automático, sin el sello de la fecha. Así que, cuando algo lo despierta años después, no se vive como «me acuerdo de», sino como «está pasando». No dices «papá me humillaba y dolía», sino que vuelves a sentirte humillada, aquí y ahora, con alguien que quizá no te está humillando.
Una imagen que ayuda: las experiencias muy intensas, o repetidas muchas veces, son como huellas que dejan unos esquís en la nieve recién caída. Cuando más adelante pasas cerca, tus esquís se van solos hacia esa huella. No lo decides; es el camino que ya está marcado.
¿Por qué me siento tan exagerada?
Porque la intensidad de lo que sientes no encaja con lo que tienes delante. Y como la mente necesita que las cosas tengan sentido, suele elegir una de dos salidas. O piensas que lo que te han dicho ha sido terrible (y acabas viendo a tu pareja peor de lo que es), o te culpas a ti: «¿qué me pasa?, ¿por qué soy así?».
Ninguna de las dos es justa. Lo que ocurre es que reaccionas a dos momentos a la vez: el de hoy y el de entonces. Lo de hoy quizá merecía una pequeña molestia; lo de entonces merecía mucho más, y nadie te ayudó a colocarlo.
Por cierto, no hacen falta grandes traumas. Si de niña tus padres descargaban su mal humor contigo, puede bastar con que tu pareja llegue gruñendo para que una parte de ti espere un castigo, aunque tu pareja sea una persona tranquila que nunca te ha hecho daño. Las pequeñas heridas repetidas también marcan, como explicamos en trauma por omisión.
¿Cómo sé que estoy teniendo uno?
Algunas pistas frecuentes:
La reacción es mucho más intensa de lo que la situación pide, y lo notas incluso mientras te pasa.
Te sientes más pequeña, más joven, sin recursos, como si no pudieras hacer nada.
Aparecen emociones muy concretas y conocidas: terror, vergüenza, abandono, rabia, culpa.
El cuerpo va por delante: nudo en el estómago, calor en la cara, ganas de huir o de quedarte quieta.
Después llega el agotamiento y la sensación de no entender qué ha pasado.
¿Qué puedo hacer en el momento?
Lo primero, aunque parezca poco, es ponerle nombre. Decirte por dentro «esto es un flashback emocional, estoy recordando algo antiguo» ya ayuda a que el cuerpo baje un punto. Ordenar lo que está pasando calma al cerebro, que se angustia mucho más cuando no entiende qué ocurre.
Después, vuelve al presente con anclas concretas:
Mírate las manos: son manos de adulta. Si llevas un anillo, un reloj o una pulsera, tócalo.
Dite tu edad, la fecha y dónde estás: «tengo 38 años, es martes, estoy en mi cocina de Deusto».
Siente los pies en el suelo y la espalda apoyada. Respira un poco más lento, sin forzar.
Nombra lo que ves alrededor: tres cosas, sus colores, sus formas.
Compara: «la persona que tengo delante, ¿es la de entonces? ¿Qué sé de ella por experiencia?».
Esto no siempre corta la emoción de golpe, pero suele abrir un poco de espacio entre tú y lo que sientes. Y en ese espacio caben otras respuestas.
¿Qué significa acompañar a la parte herida?
Cuando reaccionas así, es como si una parte más joven de ti tomara el mando: la niña que estaba sola, que tenía miedo o que no podía defenderse. Una pregunta curiosa que a veces se usa en terapia es: «¿qué edad cree esa parte que tengo?». Muchas personas se sorprenden porque la respuesta que les viene es un número muy pequeño. Esa parte sigue funcionando como si todavía fueras una niña sin opciones.
El trabajo no consiste en echarla ni en dejar que te inunde, sino en encontrar una distancia intermedia: ni tan lejos que no la escuches, ni tan cerca que te desborde. Desde ahí, tu parte adulta puede hacer lo que entonces nadie hizo: reconocer el miedo, tranquilizar, explicar que ahora sí hay alguien. Si después de un susto alguien te consuela, lo vivido se guarda de otra manera; esa misma idea, llevada hacia dentro, es lo que se trabaja aquí. Hablamos más de ello en sanar a tu niña interior.
Con el tiempo, sostener a la vez las dos verdades («esto me hace sentir en peligro» y «sé que con esta persona estoy a salvo») ayuda a que el aprendizaje antiguo se vaya actualizando.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
Merece la pena consultar si los flashbacks son frecuentes, si te dejan agotada, si están afectando a tu pareja, a tu trabajo o a tus amistades, o si a veces te desconectas tanto que pierdes la noción de dónde estás. También si tienes recuerdos traumáticos claros que te invaden. En terapia de trauma se trabaja tanto la regulación en el momento como lo que hay debajo; si te interesa, explicamos cómo es una sesión de EMDR. En la sección de recursos tienes además una ficha para practicar qué hacer cuando reaccionas como si fuera entonces.
Si en algún momento lo que sientes te lleva a pensar en hacerte daño, puedes llamar al 024, atención a la conducta suicida, gratuito y las 24 horas. En una emergencia, el 112.
Lo que te llevas de aquí
Reaccionar «de más» no te convierte en una persona exagerada. Es la huella de algo que en su momento fue demasiado, y que tu cuerpo todavía recuerda en presente. Se puede aprender a reconocerlo y, poco a poco, a sanarlo. Si quieres hacerlo acompañada, en la página de trauma psicológico te contamos cómo trabajamos; también puedes escribirnos por WhatsApp al 613 09 45 28. Puedes venir a nuestro centro de psicología en Bilbao, junto al metro de Moyua, o hacer las sesiones online por videollamada.
Revisado por el equipo clínico de Leizea
Psicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789 · Última revisión: octubre de 2026



