Obsesiones
¿Qué son las obsesiones?
Las obsesiones no son solo pensamientos extraños o ideas “irracionales”. Son, sobre todo, formas persistentes de pensar, dudar o vigilar la realidad que acaban ocupando demasiado espacio en la mente y generando malestar.
Muchas personas viven con obsesiones sin ponerles nombre. Otras saben que algo no va bien, pero no encajan del todo en un diagnóstico concreto. Lo común en todas ellas no es el contenido del pensamiento, sino la relación que se establece con él: repetición, urgencia, dificultad para soltar y necesidad de certeza.
Las obsesiones pueden adoptar formas muy distintas, pero comparten una misma lógica interna: la mente intenta resolver, controlar o prevenir algo que se vive como amenazante, incierto o inaceptable.
Cuando pensar deja de ayudar
Pensar es una capacidad valiosa. Nos permite anticipar, decidir, reflexionar y aprender. El problema aparece cuando el pensamiento pierde flexibilidad y se convierte en un circuito cerrado.
En las obsesiones, la mente vuelve una y otra vez al mismo punto:
revisa,
analiza,
comprueba,
duda,
corrige, pero sin llegar nunca a una sensación real de cierre.
Lejos de aliviar, pensar más aumenta la inquietud. Y cuanto más malestar aparece, más necesidad hay de seguir pensando. Así se crea un bucle difícil de romper.
Terapia para obsesiones
Por qué aparecen las obsesiones
El intento de control como origen del problema
En el fondo, la obsesión no aparece por pensar “mal”, sino por intentar controlar demasiado la experiencia interna.
Cuanto más se lucha contra un pensamiento, más importancia adquiere.
Cuanto más se intenta estar seguro, más se amplifica la duda.
Cuanto más se busca una certeza absoluta, más inalcanzable parece.
La mente obsesiva no descansa porque está atrapada en la idea de que pensar más traerá alivio. Pero ese alivio nunca llega de forma duradera.
La terapia no se centra en eliminar pensamientos ni en convencer a la persona de que “no pasa nada”. Tampoco en analizar sin fin el contenido de las obsesiones.
El trabajo se orienta a:
❇️ comprender cómo se mantiene el bucle obsesivo,
❇️ cambiar la relación con los pensamientos,
❇️ reducir las conductas de control y comprobación,
❇️ ampliar la tolerancia a la incertidumbre,
❇️ recuperar flexibilidad mental y emocional.
No se trata de dejar de pensar, sino de dejar de quedar atrapado en el pensamiento.
El trabajo terapéutico con las obsesiones
Quién te va a acompañar
Nuestro equipo está formado por psicólogas sanitarias colegiadas en el Colegio Oficial de Psicología y con formación en terapia para los distintos tipo de obsesiones.
Si quieres conocer más sobre cada profesional y su forma de acompañar, puedes visitar la sección Sobre Nosotras, donde compartimos nuestras trayectorias y áreas de especialización.
1250+ Personas atendidas
Formas habituales en las que aparecen las obsesiones
Trastorno Obsesivo Compulsivo
Pensamientos intrusivos repetitivos
Compulsiones o rituales mentales o conductuales
Necesidad de control o comprobación constante
Rumiación obsesiva sobre decisiones o errores
Perfeccionismo
Y más…
FAQ
Preguntas frecuentes sobre las obsesiones
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Las obsesiones son patrones de pensamiento repetitivos y persistentes que aparecen con sensación de urgencia, duda o malestar, y que resultan difíciles de soltar. No se definen tanto por lo que se piensa, sino por cómo se piensa: repetición, rigidez y dificultad para encontrar cierre.
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No necesariamente. El TOC es una forma concreta de obsesión, pero no todas las personas con obsesiones cumplen criterios de TOC. Existen obsesiones sin rituales claros, rumiaciones constantes, necesidad de control o perfeccionismo que generan mucho sufrimiento sin encajar en un diagnóstico cerrado.
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Porque el pensamiento obsesivo intenta resolver, prevenir o asegurarse de algo que se vive como incierto o amenazante. Cuanto más se intenta pensar para cerrar la duda, más se refuerza el bucle, y la mente vuelve una y otra vez al mismo punto.
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No. Los pensamientos obsesivos no reflejan valores, intenciones ni deseos reales. Suelen ir precisamente en contra de lo que la persona considera importante, y por eso generan tanta inquietud. El problema no es el contenido, sino la relación que se establece con él.
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Porque esas conductas alivian el malestar solo de forma momentánea, pero refuerzan la idea de que el pensamiento es peligroso o importante. A largo plazo, la mente aprende que necesita seguir comprobando para sentirse segura, y el bucle se mantiene.
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Un papel central. Muchas obsesiones se mantienen por la dificultad para tolerar la incertidumbre. La mente busca certeza absoluta, pero esa certeza no existe. Aprender a convivir con la duda es una parte clave del proceso terapéutico.